sábado, 25 de octubre de 2014

MICHAEL MOORCOCK

EL SEÑOR DE LOS CONDENADOS

Jose Francisco Sastre García

La gran creación de Michael Moorcock es, sin duda alguna, su genial recreación de lo que llamó el multiverso: distintos planos y dimensiones entrecruzados entre sí de tal manera que no se puede saber cuál es pasado, presente o futuro, a pesar de que podamos intuir algunos detalles al respecto.
La otra gran idea de este escritor inglés es la del héroe condenado, derrotado y maleado por un destino superior a él. Por eso, creo que se ha ganado con merecida justicia el título que he dado a este artículo: Señor de los Condenados.
Antes que nada, sería una buena idea dar unas pinceladas biográficas para saber quién es este personaje. Nacido en 1939, inicia su carrera literaria creando remedos de Burroughs, como "Los Guerreros de Marte" mientras trabaja en la revista "Tarzan Adventures", convirtiéndose en 1957 en redactor jefe de dicha revista. Posteriormente se dedicará, en pleno furor del movimiento hippie, a tocar la guitarra y cantar, tarea en la que fracasará para regocijo de aquellos que apreciamos su obra literaria. A modo de venganza de este varapalo, escribirá la saga de Elric el albino, su obra magna y el comienzo del ciclo del Multiverso y el Campeón Eterno.
En 1963 le vemos de nuevo como redactor jefe, pero esta vez en la revista "New Worlds".
Sin embargo, los cambios que introduce en la ciencia ficción, imprimiéndole su propio sello y estilo, no serán apreciados por el público y la revista cerrará en 1971.
Hasta aquí unos breves apuntes sobre su vida; pero es su obra lo que realmente nos interesa, una obra ingente y espectacular en la que rompe muchos esquemas preconcebidos.
Para empezar, es difícil encasillarle en un género concreto. Podemos decir que es Espada y Brujería, y no nos equivocaríamos; pero también se puede considerar Fantasía Épica, e incluso Ciencia Ficción. ¿Con cual quedarnos? Lo mejor es adoptar todos estos géneros: Moorcock ha sabido amalgamarlos en un estilo increíble, sorprendente, lleno de sorpresas.
El multiverso es una conjunción de mundos y planos, en los cuales luchan eternamente, entre sí, las fuerzas primordiales del Orden y el Caos. Aunque pueda parecer el típico maniqueísmo de la lucha entre el Bien y el Mal, la Luz y la Oscuridad, no resulta algo tan simple: a ninguna de las dos fuerzas le importa lo más mínimo lo que le pueda ocurrir a los mortales, cada cual busca el dominio incontestado. La flecha rígida de la ley amenaza con volver absolutamente monótonos y monocordes los mundos, sin el más mínimo atisbo de azar; mientras tanto, las ocho flechas radiales del Caos buscan la entropía, la eterna anarquía, en la especulación de que en la variación están la diversión y el entretenimiento, por lo que un mundo dominado por el Caos es un mundo en constante cambio y distorsión.
Entre ambas fuerzas se alza algo confuso, ambiguo, denominado el Equilibrio, que parece ser ha establecido una serie de normas, entre las cuales la más importante es que ninguna de las dos grandes fuerzas en litigio debe prevalecer claramente, o al menos ninguna de las dos debe desaparecer de un mundo.
Cuando se rompe este equilibrio, es cuando aparece la figura del Campeón Eterno, un personaje no siempre humano cuya función es restablecer la balanza a su posición original.
¿Y quién es el Campeón Eterno? No siempre es humano, y la obra de Moorcock parece dar a entender que se trata más de un castigo que de otra cosa. Está condenado a realizar una serie de grandes obras, lo quiera o no, para poder escapar a su condición y vivir una vida normal.
Tarde o temprano, esta figura ha de asumir su destino y preparar el terreno para el advenimiento de un mundo en el que las fuerzas superiores no estorben a los mortales en su devenir.
Cabe preguntarse por qué estos personajes, que comparten un alma y muchos cuerpos, han sido castigados de esta manera. La respuesta no es fácil, pero tal vez la encontremos en "El Campeón Eterno", donde Erëkose comete un doble genocidio: primero, ayudando a los hombres, su raza, a llevar a la casi extinción de la raza Eldren, unas criaturas humanoides que aparecerán muy a menudo, bajo diversos nombres, en la obra del multiverso (elfos, vadhagh); después, uniéndose a los Eldren y exterminando a la raza humana. Quizás ése fuera el pecado que el Campeón Eterno debía expiar.
Las características de estos personajes son complejas, puesto que no se trata de una figura única: podríamos entender, de alguna manera, que Elric de Melniboné sólo es una parte del Campeón Eterno, buscando el resto en la gente y los objetos que le acompañan en su escrito destino.
Estas características se repiten una y otra vez en la mayoría de los personajes de la obra de Moorcock: el compañero, el sabio, la mujer, y el objeto de poder.
Algunas veces el compañero es un comparsa, pero de lo que no cabe duda alguna es de que es leal al Campeón por encima de cualquier posibilidad: algunos entienden perfectamente el destino que se les depara, otros no, pero todos están indefectiblemente ligados a los héroes, pudiendo darse el caso de mezclas extrañas, esto es, Campeones ejerciendo de compañeros de otros Campeones, y efectos similares.
En cuanto al sabio, suele ser alguien relacionado de forma directa con la Balanza y el Equilibrio, y suele repetirse a lo largo de toda la obra: el más habitual es Sepiriz, conocido también como el Guerrero de Negro y Amarillo.
El problema de la mujer es algo más complejo; hay ocasiones en las que a un mismo Campeón parecen corresponderle más de una mujer, como puede ser el caso de Elric: su primer gran amor es Cymoril, mas, cuando ésta muere, aparece otra, Zarozinia, que le hará olvidarla. En estos casos resulta difícil distinguir cuál es la auténtica pieza que encaja en la figura del Campeón Eterno, pero creo que podemos curarnos en salud y mantener a las dos como tales.
En cuanto a los objetos de Poder, suelen ser materias surgidas directamente de una fuente que podría ser el Caos, aunque no es seguro; es mucho más probable que se trate de algo que atiende a su propio beneficio, y que actúe al margen tanto de las fuerzas en conflicto como del Equilibrio. Es el caso de la espada de Elric, la figura del arpa Dagdagh de Corum Croich... En general, suelen ser entidades sumamente poderosas que se camuflan bajo la apariencia de objetos inanimados, pero que imprimen su sello a sus portadores.
Podemos ir más lejos aún, y decir que a la figura del Campeón Eterno hay que añadirle una última pieza: su enemigo irreconciliable, aquél a quien deben eliminar para mantener el equilibrio en el mundo. Puede ser más de uno y, casi siempre, está aliado con las fuerzas del Caos.
Estas reglas son generales, y se cumplen de manera bastante habitual, aunque hay excepciones: las más notorias son las de las aventuras de Jerry Cornelius y Karl Glogauer.
En el primer caso, los delirios del LSD y la marihuana, amen de la psicodelia propia de la época hippie, hacen de su lectura una tarea un tanto complicada, a pesar de poder seguirla con bastante claridad; en el segundo caso, es más una aventura aislada sin conexión alguna: un fanático de Jesús viaja al pasado, a la época de su ídolo, para encontrarse con una sorpresa y su destino. En este último relato, Moorcock se muestra despiadado, irreverente, sacrílego según algunos... Que cada lector juzgue.
En suma, nos encontramos ante un monumental ciclo lleno de cruces de caminos, de personajes que saltan de un mundo a otro, que intervienen en las aventuras de otros, creando un tejido tan complejo que en ocasiones resulta difícil de seguir.

Para aquellos interesados en leer algo de Michael Moorcock, existen unos cuantos títulos en la editorial Martínez Roca, colecciones Fantasy y Gran Fantasy. Como su obra es muy extensa para citarla aquí, recomiendo que en las colecciones citadas se lea la bibliografía indicada.

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