sábado, 25 de octubre de 2014

UNA DE MUTANTES

UNA DE MUTANTES

Jose Francisco Sastre García

Una vez más, y sin que sirva de precedente, los personajes de las páginas de los cómics saltan a la gran pantalla: si en su momento fueron Superman, Spiderman, Batman o el Capitán América, en esta ocasión les ha tocado el turno a los mutantes de X-Men, unos personajes más singulares de la habitual debido al origen de sus superpoderes, un origen totalmente natural, debido a la evolución, y no a unos experimentos de biogenética o accidentes con molestos bichos. Y si acaso alguien tiene algo que objetar respecto a Lobezno en este sentido, le aconsejo que se consiga el vídeo de la película y esté bien atento a los diálogos.
Personalmente, no creo que en este caso concreto estemos ante una mala película, aunque, para ser sinceros, tampoco es una de esas obras de arte que suelen permanecer para la posteridad enmarcadas en cuadros dorados y etiquetadas como grandes clásicos. Y, sin embargo, creo notar en ella un algo indefinible, que no sabría decir qué es, un cierto... tal vez estilo, que hace que el film enganche más de lo habitual en este tipo de películas; hay algo que podría ser el indicativo de que nos encontramos ante el nacimiento de una nueva película de culto. Puesto que no he leído apenas nada sobre estos personajes, no puedo efectuar una comparación efectiva entre el cómic y la película, aunque hay algo que sí que puedo decir: en lo poco que leí, la doctora no se llamaba Gina Grey, sino Jane Grey.
En fin, hablemos más en concreto: de los efectos especiales, no hace falta comentario alguno: como viene siendo habitual en este género de películas salidos de las factorías norteamericanas con gran presupuesto, se trabaja sobre aparatosos golpes de efecto, aunque no se desdeña la búsqueda de “trampas” más suaves pero igualmente efectivas.
Sobre los actores, me resultan francamente contradictorios: frente a la cuidada personalidad de Lobezno, Pícara o Magneto, el resto son fríos, planos, sin carta alguna de identidad definitoria: secos, limitados a cumplir con un papel estéril, impasibles como indios... Sus expresiones, fuera de los momentos de tensión de los combates, se reducen a lo que podríamos llamar estilo Schwarzenager. ¿Y qué contar de los uniformes? Lejos de los colorines del cómic, por demás estridentes, se ha optado por huir al extremo contrario y convertirlos en una especie de macarras: sólo les faltan las Harley para quedarse con el personal. Cierto es que es más lógico que unos humanos perseguidos se camuflen bajo vestiduras normales, pero de ahí al cuero de la película... En fin, que casi destacan tanto como si llevaran sus uniformes oficiales.
El argumento no está nada mal: la toma de posiciones en torno a la figura del humano normal, decidiéndose unos a convivir con él y los otros a convertirlo en mutante para dejar de ser perseguidos, resulta una idea atractiva, lógica, perfectamente coherente con el talante pretendidamente verosímil que se pretende dar a la actitud de las distintas facciones: el miedo de los humanos a los mutantes y el miedo de éstos a aquéllos, que los lleva a extremos tan radicales como el de Magneto. Lástima que en ocasiones este hilo se diluya en divagaciones que, por otra parte, aportan algunos detalles interesantes a lo que es la idea en sí: el origen del actual Lobezno es un buen ejemplo de ello: de unos poderes iniciales, un experimento le convierte en lo que es en estos momentos.
Como de costumbre, se peca del habitual patrioterismo norteamericano, representado por la Estatua de la Libertad y el combate tanto en su interior como en su cabeza: el sagrado símbolo de los Estados Unidos mancillado por los malvados villanos de turno, y liberado por los superhéroes dispuestos a evitar una catástrofe mundial.
Y, con todo, pienso que lo mejor de la película, con diferencia, es el final: un final poco menos que inesperado, a pesar de haber imaginado previamente que debía terminar así, con el malvado encerrado o muerto, pero, evidentemente, sin sospechar la carga final que el director pretende endosarnos.

En fin, supongo que se puede decir que X-Men es una película que se deja ver bastante bien, obviando evidentemente los fallos que se puedan encontrar en ella; y si me equivoco o no en lo de que termine siendo una película de culto, como lo son las de Superman o Flash Gordon, eso sólo el tiempo lo decidirá; o, más que el tiempo, el público y los seguidores de los cómics, que, según tengo entendido, son legión

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