domingo, 19 de noviembre de 2017

DOÑANA ES ARTE


DOÑANA ES ARTE

Varios Autores

            La eficacia de la palabra es algo complicado, puede servir para muchas cosas; en este caso, en la antología Doñana es Arte, editada por Suseya Ediciones, es un aliciente para comprar y ayudar a recobrar el entorno cercano a Doñana tras el incendio que sufrió.
            Esta iniciativa es un ejemplo de lo que la solidaridad puede conseguir cuando el ser humano se lo propone: un resultado muy cuidado, en el que participan más de trescientas personas entre escritores, poetas, ilustradores, fotógrafos… Huelga decir las complicaciones que ha tenido la organización de semejante acto y, por tanto, el mérito mayor que resulta de todo ello.
            La composición final de todo este entramado consta de tres partes:

  • Un libro de relatos ilustrados, en el que aparecen una treintena de narraciones relacionadas con el desastre de Doñana, una selección necesaria para poder editar un volumen asequible y manejable, y al mismo tiempo complicada de realizar, ya que la calidad del material presentado es muy alta, y estos relatos son tan sólo una pequeña muestra que no desmerece en nada al resto. Y la principal característica que hace aún más atractivo el conjunto es que cada historia lleva adjunta una ilustración, que a su vez no desmerece en nada de lo escrito: dicen que una imagen vale más que mil palabras, y desde luego este ejemplar lo demuestra con creces.


  • Un libro de poemas ilustrados: la lista de participantes ha sido también muy amplia, y se ha procurado mantener el mismo nivel que en el de los relatos, añadiendo de la misma manera una ilustración que acompaña a cada poesía.


  • Un pdf en el que aparecen todos los participantes que no han podido estar en los volúmenes anteriores a causa de la necesidad de recortar para que los libros no se fueran de madre en tamaño y precio. Este pdf está disponible tanto para descarga como para papel bajo demanda.


Como decimos, el resultado es excelente, una combinación de letra e imagen de una calidad indudable, que puede hacer las delicias de cualquier lector que se anime a probar con esta iniciativa.

sábado, 4 de noviembre de 2017

OTRO FIN DE SIGLO Y MILENIO

THE NEW LHORK HERALD TRIBUNE

NODO LHORK: ¡A POR OTRO FIN DE SIGLO Y MILENIO!


Erre que erre.– De nuevo, este sufrido articulista, víctima inocente de crueles ataques por parte de esa banda de fanzinerosos que se hacen llamar el Círculo de Lhork, toma la pluma para narrar las vicisitudes de semejante caterva de ganapanes durante su tradicional Comida de Hermandad pre-Navidad.
Escondido tras una enorme planta del restaurante (Ahora que caigo, juraría que en ese lugar no había planta alguna. Entonces, ¿detrás de qué he estado escondido?), heme aquí para narrar cómo ese grupo de inefables “artistas” de bolígrafo gordo, dieron por reunirse, como ya es costumbre en ellos, el sábado antes de Navidad, a cogerse una buena indigestión y una tajada aún mayor, y charlar de sus delirios habituales, a saber: brindis continuados por cualquier cosa que se les ocurra, trasiego de LhorkRioja por aquí y por allá, las habituales canciones...
Como ya es habitual en este evento anual, el Presidentísimo abrió la sesión del pleno... Digo, de la comida, con un enternecedor discurso, un pelín largo pensamos algunos (De hecho, nos recordó notablemente a las peroratas de ese magnífico orador que es Fidel Castro); nos embargo una emoción tan profunda al oír aquello, que no pudimos evitar suspirar de gozo. De hecho, reproduzco a continuación el citado discurso: “Queda inaugurada... ¡esta exposición!”. ¿A que mola? A renglón seguido, como de costumbre y para no variar, se nombró a los presentes y ausentes, brindando por todos aquellos que quisieron estar y no pudieron (y por los que estuvieron a pesar de sus más fieras reticencias), con un exquisito LhorkRioja que corrió como agua por todas las gargantas. Asistieron el profesor Sartorius, el profesor Anscarius, Javierix, Jojavi que... Bueno, a estas alturas ya no sabemos ni cómo ve con tanto LhorkRioja, así que omitiremos el apellido y que sea lo que Lhork quiera; Morgana de Lhork, Luigi el Condottiero, el legionario espacial, Paconan el Bestia, Red Sara (¡Por fin, la tan anunciada batalla iba a producirse!), el Hermanísimo del Boss y su novia, y la Mujercísima del citado jefe.
Para empezar, el Presi anunció, para desgracia de los usuales conspiradores al trono de Lhork (Ultralhork, la República Independiente de Lhork), que tenía ya heredero, un vástago que daría nuevas glorias al Círculo; por una parte todos nos alegramos por la buena nueva, pero claro, ya se sabe... Siempre hay descontentos, y el problema del jamón sucesorio se agravaba por momentos, así que comenzaron las murmuraciones acerca de posibles accidentes, y otras desdichas...
Para desgracia de los apostantes, que ya habían invertido hasta la camisa en las timbas que se habían montado al efecto, del famoso y archiconocido duelo entre Morgana de Lhork y Red Sara no se vio absolutamente nada: todos hubimos de conformarnos con un breve cruce de comentarios verbales, y devolver el dinero que se suponía fácilmente ganado; bueno, todos excepto un servidor, que, llevado por la neurosis del juego, había apostado a que no iba a haber combate...
A lo largo de toda la comida, hubo comentarios para todos los gustos y disgustos: para empezar, el míster se había quedado sólo, mientras que la cúpula del Círculo se había reunido sibilinamente con la sección Ultralhork y los Secesionistas, en una clara señal de sus simpatías. Se decidió, entre otras cosas, que había que cambiar el himno, y que, en lugar de ser el habitual “Quince hombres sobre el cofre del muerto”, había de pasar a lo siguiente:
“Ultralhork, Ultralhork, Ultralhork,
Ultralhork, Ultralhork, Ultralhork,
Sigo siendo del CIO,
Pero ya no sigo tu opinión”
Como se pueden imaginar, el enojo del Excelentísimo no tuvo límites, y aún menos cuando se propuso la creación de una sección especial en el fanzine que este grupo publica, que podría llamarse “Tombolhork” o “Coralhork Coralhork”: como noticias iniciales para esta nueva sección, se propusieron las dos sensaciones de la comida. En primer lugar, la buena nueva ya anteriormente comentada acerca del advenimiento del primogénito del Presi, y en segundo lugar algo no menos importante: la confesión, al más puro estilo Carlos Carnicero, de Luigi de Borgia. Sus palabras textuales fueron: “A mí, Morgana me pone a cien”. Pueden suponerse el tremendo revuelo que se armó, sobre todo cuando la ya citada bruja negó rotundamente semejante aserto por parte de su supuesto partenaire.
Ante aquella insólita noticia acerca de la nueva sección que se solicitaba por parte de la afición, amén de la insistencia una y otra vez en publicar un número especial “Erotic Fantasy”, el insigne Rex Imperator (Non, Gratia) se puso rojo como un tomate, bramó varias veces invocando a los dioses y los demonios, y excomulgó a los responsables de tamaña fechoría...
Al tiempo que se zampaban toda aquella fastuosa comida, que satisfizo la glotonería de todos los presentes (aunque luego, cuando se pasó la minuta, hubo rezongos de todo tipo y alguno que otro intentó escaquearse de semejante cosa), Javierix hizo un importantísimo anuncio: el Sagrado Cáliz de Trados había aparecido por fin, y había obrado el milagro de la duplicación. El hombre explicó que lo había encontrado en una casa abandonada, en una estancia que parecía un laboratorio alquímico, tal vez un lugar donde fabricar vidrio... El Cáliz era de cristal, con el dragón de Lhork de hierro alrededor de la base de vidrio, una joya ante la que todos se inclinaron reverentemente.
Animado por el LhorkRioja y la aparición de tan preciado tesoro, el Presidentísimo anunció que estaba acabando de rodar una película: “En busca del Cetro de Trados”, protagonizada por el gran Harrison Lhork.
Después de semejantes desvaríos, se procedió a la entrega del ya tradicional Dragón de Lhork (Ya ven, es la segunda entrega y se ha convertido en algo “tradicional”), que correspondió al gran profesor Anscarius. Sus lágrimas y tartamudeos le impidieron emitir el emotivo discurso que se había traído preparado ex profeso desde casa para aquella situación, por lo que se pasó a la siguiente orden del día, a saber: la aparición del Censor Oficial del Reino, que se dedicó a poner las cosas en claro acerca del mundo de Lhork y los personajillos que se mueven por él a sus anchas. Repartió tarjetas amarillas y rojas a diestro y siniestro, y su morbosa labor continuó incluso después de la comida, habiéndose trasladado los comensales a un bar cercano: todos sufrieron las iras del Censor, desde Luigi hasta el profesor Sartorius, pasando por todos y cada uno de ellos.
En aquellas tareas se entretuvo el tiempo de la reunión, tanto que algunos de los presentes (Morgana de Lhork y el profesor Sartorius) hubieron de poner pies en polvorosa y declinar el rutinario paseo anual por la librería “El Aventurero”. No sé qué pasó exactamente a continuación, pues este insigne articulista, recelando de las habituales retiradas de esta pareja todos los años por las mismas fechas, les siguió hasta la estación de autobuses, donde les vio tomar uno de ellos en dirección a quién sabe dónde. Para cuando quiso volver a vigilar al resto, ya habían desaparecido todos...
The Pucelan Brothers.



Nota de la redacción: ¿Qué más les podemos decir? ¿Qué podemos contar que ustedes no sepan ya? Este articulista, que periódicamente se infiltra en nuestras reuniones y a posteriori nos obsequía con estos desvaríos salidos de la mente más enferma que haya podido ver jamás, ha sido declarado por la redacción definitivamente fuera de la ley, y considerado como el enemigo público número Uno: hemos repartido pasquines por todas partes, poniendo precio a su cabeza, en los que viene a rezar el siguiente texto: “Se busca al periodista de la fotografía. Vivo o muerto. Se recompensará a quién nos lo entregue con un suculento premio”. Ni qué decir tiene que hemos recibido llamadas a mogollón, indagando acerca del carácter del citado incentivo, indicándoseles que se trata de mil duros, un bocata de jamón sucesorio (Es pata negra, oiga) y el CD de cierta innombrable “cantante”, ante lo que la mayoría se han manifestado totalmente de acuerdo y se han puesto a buscarle activamente.
En cuanto a la manera de hacernos llegar el artículo, este buen hombre cada día se muestra más imaginativo: mientras estábamos trabajando tranquilamente en la redacción, hemos oído ruido de cristales rotos: un instante después, una flecha de madera vibraba, profundamente clavada, en la mesa de uno de nuestros articulistas, que la contemplaba con asombro mientras se tocaba el nuevo corte de pelo, con raya en medio. Enrollada en el astil venía una nota junto con el artículo arriba publicado, que rezaba lo siguiente: “¡Teneos, ladrones, malandrines, follones, que no han de valeros vuestras plumas ni ordenadores contra la Verdad y la Justicia que yo represento! ¡Publicad, publicad esto si os atrevéis, conspiradores, o por Trados que haré que os arrepintáis de vuestras felonías!

                                                                                  Articulín de los Bosques”.

sábado, 28 de octubre de 2017

ANTHONY HOPE

ANTHONY HOPE

José Francisco Sastre García

            Toca en esta ocasión un autor del que prácticamente nadie ha oído hablar, aunque muchos conocemos su obra magna. ¿El motivo? Que a pesar de ser un novelista reconocido en su época, cuando publicó sus narraciones, a posteriori se quedó en el olvido y pasó completamente desapercibido, sin pena ni gloria, excepto por una novela que ha conseguido entrar en los anales del género de aventuras por derecho propio...
            Hablamos de Anthony Hope Hawkins, un escritor nacido en Londres el 9 de febrero de 1863. Estudió en el St. John School (Leatherhead), en el Marlborough College y en el Balliol College (Oxford), donde acabó graduándose en letras clásicas en 1885.
             Posteriormente dedicaría su tiempo a estudiar abogacía, hasta que en 1887 comenzó a trabajar como pupilo del Primer Ministro Liberal H. H. Asquith, etapa que duró hasta 1894.
            Mientras tanto, se dedicó a escribir: su primera obra fue A Man of Mark en 1890, una historia con la que marcaría la llegada de un subgénero que gozaría de un gran favor a finales del siglo XIX y primeros-mediados del XX: las “aventuras ruritánicas”, historias de corte palaciego en las que las intrigas por alcanzar el poder, los duelos a espada y el romanticismo dominaban la escena por completo. En esta obra ya se pueden ver las señales y similitudes que darán pie, más adelante, a su obra más celebrada…
            Fue el comienzo de una carrera brillante como escritor: el público se entusiasmó con aquella narración y no tardó en pedir más: llegaron varias novelas cortas, y más adelante, en 1891, Father Stafford, seguido en 1892 por Mr Witt’s Widow.
            Mientras proseguía con su ritmo literario, se introdujo en el mundo de la política: se presentó a las elecciones como el candidato liberal por Wycombe en 1892, pero no hubo suerte y no fue elegido. Al año siguiente aparecieron tres obras nuevas, Sport Royal, A Change of Air y Half-a-Hero, junto con varias textos menores que aparecieron publicados en el Westminster Gazette, para ser recogidos en 1894 en el libro The Dolly Dialogues, una obra ilustrada por Arthur Rackham. Este volumen resultó ser el mayor de sus éxitos hasta el momento.
            A finales de 1893 surgiría en la mente de Hope la idea que germinaría en su obra más conocida, El Prisionero de Zenda: paseando por Londres, se le ocurrió una historia basada en una intriga política, que plasmó sobre el papel en poco más de un mes, y que tras sucesivas revisiones acabó siendo publicado en abril de 1894. Las aventuras de un inglés, Rudolf Rassendyll, embarcado en un viaje por un reino europeo imaginario llamado Ruritania, en el que no tarda en verse envuelto en un complot del que va a formar parte por diversos motivos que los que conocen la obra saben y los que no la conocen mejor no hacerles spoiler, entran a formar parte de la historia de la literatura, conformando un subgénero propio que dará lugar a imitaciones y parodias, como la que Jack Lemmon, Tony Curtis y Peter Falk protagonizarían con un enorme acierto en La Carrera del Siglo, una transposición al cine de los Autos Locos. También en este mismo año verá la luz una historia de corte político, A God in the Car.
            El éxito de este escritor fue enorme: su carrera literaria prosiguió incansable, en 1896 escribiría The Chronicles of Count Antonio, y al año siguiente un cuento de aventuras ambientado en una isla griega que tituló Phroso. Durante este año viajó a Estados Unidos, donde se presentó, para darse publicidad, disfrazado como un gentleman inglés que pretendía representar al héroe de su gran novela de aventuras, Rudolph Rassendyll, cosechando un éxito mayor del que había esperado.
            En 1898 escribió una novela histórica, Simon Dale, que sería trasladada al teatro. A lo largo de ese mismo período le seguirían más obras, como The Adventure of Lady Ursula, The King Mirror o Quisanté; tras ésta última fue elegido miembro del Comité de la Sociedad de Autores.
            Su producción literaria crecía sin cesar: en 1901 escribió Tristram of Blent, en 1902 The Intrusions of Peggy, en 1904 Double Harness, en 1905 A Servant of the Public… En este intervalo, en 1903, contrajo matrimonio con Elizabeth Somerville, fruto del cual nacerían dos niños y una niña.
            En 1906 verá la luz un intento de rememorar El Prisionero de Zenda: Sophy of Kravonia. Esta narración sería serializada en el Windsor Magazine, y posteriormente llevada al cine en Italia (Sofia de Kravonia, 1916) y en Estados Unidos (Sophy of Kravonia or The Virgin of Paris, 1920).
            Con el éxito que había recaudado la obra de Hope, en 1907 salió al mercado una selección de historias cortas bajo el título Tales of the Two People, al tiempo que la novela Helena’s Path; más tarde, en 1910, escribió Second String, a la que siguió un año después Mrs. Maxon Protests.
            Embarcada Europa en la Primera Guerra Mundial, el autor volcó todos sus esfuerzos en crear propaganda a favor de su país, bajo los auspicios del Ministro de Información: entre estas historias podemos mencionar The Secret of the Tower o Beaumaroy Home from the Wars, ambas en 1919, o Lucinda en 1920. Todo esto le valió, en 1918, el título de caballero y el tratamiento de Sir, aunque toda su fama se consideraba relativa: Sir Lancelyn Green dijo de él que “era un primera clase entre los noveles (amateurs), pero sólo un segunda clase entre los escritores profesionales”. En 1927 escribió una autobiografía, Memories and Notes. Murió a los 70 años de cáncer, dejando tras sí un legado del que, fuera del Reino Unido, apenas han trascendido las obras más celebradas…
            Al margen de todo lo demás, El Prisionero de Zenda es una novela en la que prima sobre todo la acción: la llegada del caballero inglés, los problemas que crea en el grupo de conspiradores al comprobar cuánto se parece al rey ruritano, la intriga, las luchas por el poder… Todo ello narrado con un ritmo rápido, ágil, con fuerza y destreza que proporcionan a la narración la atracción suficiente como para que el lector se quede pegado a las páginas en busca de la resolución del conflicto.
            Merece especial atención el principal villano, Rupert de Henzau, un personaje que rememora notablemente el carisma y la calidad que hacen que alguien de estas características pueda acabar siendo apreciado por los lectores a causa de su actitud y sus formas, casi incluso más que el propio protagonista. Así, el duelo tanto verbal como físico que se produce entre ambos, héroe y usurpador, resulta de lo más adictivo e interesante, ofreciendo secuencias memorables a la historia.
            Hollywood no tardaría en ver el filón de la obra de Hope, por lo que en 1952 salió una de las versiones más conocidas y completas, protagonizada por Stewart Granger, James Mason y Deborah Kerr entre otros.
            Una lectura altamente recomendable para quien desee olvidarse por un momento de la vida real y sus problemas, y disfrutar de un entretenimiento sin ninguna pretensión que la de hacer que el lector pase un buen rato conociendo las dichas y desdichas de los personajes…

Bibliografía  

A Man of Mark, 1890.
Father Stafford, 1891.
Mr. Witt’s Widow, 1892.
A Change of Air, 1893
Half a Hero, 1893.
Sport Royal and Other Stories, 1893.
The Dolly Dialogues, 1894.
The God in the Car, 1894.
The Indiscretion of the Duchess, 1894.
El Prisionero de Zenda, 1894.
The Chronicles of Count Antonio, 1895.
Comedies of Courtship, 1896.
The Heart of Princess Osra, 1896.
Phroso, 1897.
Rupert de Henzau, 1898.
Simon Dale, 1898.
The King’s Mirror, 1899.
Quisanté, 1900.
Tristram of Blent, 1901.
The Intrussions of Peggy, 1902.
Double Harness, 1904.
A Servant of the Public, 1905.
Sophy of Kravonia, 1906.
Tales of Two People, 1907.
The Great Miss Driver, 1908.
Dialogue, 1909.
Second String, 1910.
Mrs Maxon Protests, 1911.
The New Testament, 1914.
Militarism German and British, 1915.
A Young Man’s Year, 1915.
Why Italy is with the Allies, 1917.
Captain Dieppe, 1918.
Beaumaroy, 1919.
Lucinda, 1920.
Littke Tiger, 1925.
Memories and Notes, 1927.

sábado, 14 de octubre de 2017

HENRY RIDER HAGGARD

HENRY RIDER HAGGARD

José Francisco Sastre García

            La novela de aventuras ha tenido muchos y grandes autores que han dejado tras sí clásicos universales que han trascendido todos los tiempos: baste recordar aquí, por citar sólo algunos, La Isla del Tesoro de Stevenson, la serie de El Borak de Howard, La Nave de Ishtar de Abraham Merritt, El Prisionero de Zenda de Anthony Hope, los ciclos de aventuras de Edgar Rice Burroughs, la inmortal obra de Dumas…
            El caso que nos ocupa hoy es, si cabe, aún más notorio que los ya citados, pues se ha convertido en uno de los grandes paradigmas de este género literario: sir Henry Rider Haggard, un escritor que popularizó las aventuras en el continente africano, un lugar que aún mantiene un cierto halo de misterio en sus selvas centrales, en sus inacabables desiertos, en las piedras milenarias que atesora aquí y allá…
            Así a bote pronto, el nombre no sonará a mucha gente, para los menos aficionados será uno más de tantos; sin embargo, su personaje más notorio seguro que sí suena a casi todo el mundo, junto con la obra que lo convirtió en una figura viva dentro del mundo literario: Allan Quatermain, y su búsqueda de las minas del Rey Salomón.
            Encuadrado en un territorio como el que ya hemos descrito, se le considera el iniciador de las denominadas novelas de mundo perdido, en las que los personajes parten en busca de secretos arqueológicos escapados a la noche de los tiempos para permanecer entre nosotros.
            Fue un escritor de los que podríamos denominar pluma rápida: la velocidad a la que producía era endiablada, escribió en un mes Las Minas del Rey Salomón, y el resto de su obra surgió también a un ritmo tan vertiginoso que parece imposible que el resultado pueda ser tan bueno. La cuestión es que es así, la lectura es tan ágil y rápida, el ritmo tan adecuado al momento de la secuencia que se está narrando, que no se percibe otra cosa que un conjunto congruente, coherente, y tan ameno que engancha desde la primera hasta la última página.
            La musa se mantuvo a su lado en todo momento excepto en 1888, momento a partir del cual, siendo millonario merced a la enorme venta de su obra, demandada por un público ávido de aventuras exóticas, acaecieron en el seno de su familia varias pérdidas; entre todas ellas la que le resultó más dura fue la de su hijo Jock, a los 10 años de edad. 
            Su obra más imperecedera, junto con la saga de Allan Quatermain, es la de Ella, conocida también como Ayesha, una mujer que vive en un lugar perdido de Egipto y ha alcanzado la inmortalidad; se trata de dos sagas imprescindibles para los amantes de las aventuras en lugares recónditos, en las que el protagonismo recae sobre la propia aventura, dotando a los personajes de una fuerza inconmensurable, de una realidad que trasciende más allá del papel; y aunque se trate de dos series independientes, Haggard las reunirá en una novela, Ella y Allan, en la que las dos grandes figuras se encuentran.
            La estancia del autor en Sudáfrica, y en consecuencia el conocimiento de los usos y costumbres de los boers, sus conciudadanos y las tribus locales, en especial la de los zulúes, marca de manera muy notable el desarrollo de sus historias, hasta el punto de embarcarnos en una misión poco menos que sorpresiva teniendo en cuenta las teorías que se mantienen hoy en día: las minas del Rey Salomón se ubicarían en las regiones meridionales del continente negro, diríase que por la zona cercana a la Gran Zimbabwe, un enclave arqueológico que, aunque datado sin género de dudas, posee todavía algunos interrogantes que descubrir. Teniendo en cuenta que las últimas teorías ubican estas míticas minas en Etiopía o el Norte de Sudán, parece que hay una ligerísima diferencia de kilómetros entre una ubicación y otra… Y no olvidemos, por supuesto, la época en la que se escribieron estas historias, una época convulsa en el Sur del continente africano, donde las tensiones entre ingleses, boérs y zulúes eran moneda corriente, y éstos últimos estaban intentando mantenerse independientes ante el colonialismo, degenerando todo ello en las guerras anglo-zulúes, que tras algún severo revés de los europeos enfrentados a la estrategia de los cuernos de búfalo, acabó con la disolución de la nación zulú. Y en medio de todo este maremágnum, detalles que Haggard aprovechó para sus historias, como los asesinatos del rey Cetywayo de sus hermanos para alcanzar el poder y la huida de uno de ellos, Umtonga, que regresaría entregado por los bóers…  
            También es cierto que hay momentos en que la experiencia vital en las regiones que tan bien plasmó en su obra se traduce en las páginas en una cierta densidad que aunque no llega a lastrar la historia, sí hace que el lector pueda pensar que está ante un escritor que se excede en la ambientación; aun así, el resultado sigue siendo excepcional, sin perder ni un ápice de su fuerza, envolviendo la lectura en un halo de exotismo que consigue aún más empaque. Además, es capaz de plasmar sobre el terreno con una definición formidable el concepto del cazador blanco como personaje, como explorador al tiempo que cazador, la figura romántica que imperaba en la época colonial…
            Su gran éxito y su enorme calidad como escritor le reportaron el hacerse acreedor a dos de los títulos más importantes de la Gran Bretaña: Knight Bachelor (caballero) en 1912 y, posteriormente, Knight Commander of the Order of the British Empire (Caballero de la Orden del Imperio Británico), lo que redundaría en adquirir el título de Sir que ostenta junto a su nombre.
            El éxito de Las Minas del rey Salomón y de Ella hicieron además que ambas historias fueran trasladadas al cine en diferentes ocasiones, con mayor o menor éxito, entre las que podemos citar las versiones que protagonizaron Richard Chamberlain, Stewart Granger o Patrick Swayze. Incluso ha sido utilizado en conceptos de psicología, donde Carl Gustav Jung cita a Ella como el arquetipo o el prototipo de lo femenino.

            Para quienes quieran conocer algo más de la obra de este escritor, aquí les dejo con su bibliografía…

En la serie de Allan Quatermain, las novelas de la saga son Las minas del rey Salomón (1885), Allan Quatermain, también conocida como Las aventuras de Allan Quatermain (1887), La Venganza de Maiwa (1887), La Esposa de Allan (1889), El Viejo Allan (1920) y Allan y los Dioses de Hielo (1927).

En el caso de la serie de Ayesha o Ella, la mujer que alcanza la inmortalidad y que vive durante siglos en África apareciendo ante los nativos como una diosa para ser adorada por ellos, tenemos los títulos Ella (1887), Ayesha: el Retorno de Ella (1905) e Hija de la sabiduría (1923), donde se cuenta su origen en el antiguo Egipto.

La novela Allan y Ella (1921) es la que fusiona ambas sagas y recrea el encuentro entre ambos personajes.

Cleopatra (1889)
Eric Ojos Brillantes (1891)
Red Eve (1911).
El Deseo del Mundo.
El Pueblo de la Bruma.
La Maldición de Chaka.
Los Reyes Fantasmas.
La Hija de Amón.
La Flor Sagrada.
La Hermandad.
Cuando el Mundo se Estremeció

sábado, 7 de octubre de 2017

LAS MUJERES DE CONAN

LAS MUJERES DE CONAN EL BÁRBARO
LOS CUATRO ELEMENTOS

José Francisco Sastre García

            La obra de Robet Ervin Howard es muy amplia, aunque la parte que ha pasado a la historia es más escueta: por citar sólo algunos, diremos que lo más conocido y granado de su historial bibliográfico son las series de Conan el Bárbaro, el Rey Kull, Solomon Kane el puritano, el rey picto Bran Mak Morn, el pirata Cormac Mac Art, el cruzado Cormac Fitz Geoffrey…
            De entre todos estos, el que más ha brillado con luz propia, aunque en palabras del propio escritor no fuera su mejor personaje, ha sido el cimmerio de negra melena, el joven bárbaro que un buen día descendió de las brumosas colinas de su tierra para hollar con sus sandalias las tierras civilizadas del mundo hyborio, convirtiéndose en ladrón, pirata, mercenario… Hasta devenir en el rey de la nación más poderosa de su tiempo, Aquilonia, y convertirla en la joya de occidente.
            Sobre Conan se han vertido ríos y ríos de tinta, se ha escrito en torno a muchos de sus aspectos y se han expuesto otros con mayor o menor criterio, dando vueltas a multitud de cuestiones, una de las cuales voy a retomar, aunque desde un punto de vista ligeramente distinto.
            El amor en la serie de Conan el Bárbaro está tratado de diversas maneras, ofreciendo a los lectores una visión de las diferentes mujeres que calaron hondo en el corazón del cimmerio, aunque creo que en ese artículo hay un detalle que tal vez se pasó por alto, y es una idea extrapolada de la manera de amar que tiene cada una de ellas.
            Debería quedarme sólo en los relatos, pero para poder completar la idea que ha surgido en mi mente he de tomar una figura que sólo está en los cómics, pero que complementa a la perfección la cuestión que voy a plantear, así que empezaré por ella.

Red Sonja

            Como ya he dicho, no pertenece al mundo de los relatos de Conan: en realidad pertenece a una historia suelta de tipo histórico, La Sombra del Buitre, en la que aparece junto al protagonista como Sonia de Rogatino, una mujer guerrera capaz de rivalizar con los hombres en el combate y en las juergas. Ferozmente independiente, llega al cómic de Conan manteniendo esa parte de su personalidad y ampliándola hasta un punto que roza la obsesión: es una mujer entregada a una diosa que le otorgó los dones para ser imbatible siempre y cuando se mantuviera fiel a su juramento, que no es otro que el de no entregarse jamás a un hombre que no la haya vencido en combate.
            Este juramento hace que se debata entre el deseo que siente por algunos de los personajes que conoce, Conan incluido, pero sin poder cumplirlo. La representación que se me viene a la mente en este sentido es el hielo, la imposibilidad de conceder un amor que le gustaría entregar, la imposibilidad de aceptar un amor que no podría corresponder a causa de su juramento. ¿Podría romperlo y así ser libre para hacer lo que desee con su vida? Por supuesto, pero eso le supondría, por decirlo de alguna manera, llegar a un punto en el que podría acabar por depender de un hombre para seguir adelante, algo que no está dispuesta a aceptar en su feroz independencia. En consecuencia, he aquí el primero de los elementales: el amor lejano, imposible, el HIELO.

Belit

            El romance que Conan mantiene con Belit, la reina de la Costa Negra en el relato del mismo nombre, es tan breve como tempestuoso. Es la capitana de los corsarios negros, una banda de piratas procedentes del lejano sur, que se dedican a saquear las costas del continente negro hasta Estigia y todos los barcos que pueden pillar en las aguas que bordean Hyboria por occidente.
            Belit es la pasión, la fuerza arrolladora del deseo, de la lujuria… Es a su vez el exotismo, la mujer que descubre al amor de su vida y que se entrega a él con toda la fuerza que su alma le brinda. Narrado con la maestría de Howard, esto se trasluce con total claridad a pesar de que no se describa nada, ni se aduce al erotismo, sólo a una sensualidad no explícita pero sí notoria.
            Conan también caerá prendido en las redes de este romance, pues Belit fue su primer amor y, probablemente, el más intenso y verdadero de su vida, aunque a posteriori asentara la cabeza con una mujer que le aportaría un equilibrio.
            En este romance se percibe con total claridad otro de los elementales de los que hablo, el que genera la pasión, el deseo, la lujuria, casi el frenesí por la carnalidad, por permanecer toda la vida yaciendo juntos… En una palabra, el elemental que define a esta mujer no es otro que el FUEGO.

Valeria

            Será otra mujer efímera en la vida aventurera del cimmerio: Valeria, la mujer pirata aquilonia, de la Hermandad de los piratas barachanos, otra mujer independiente que se gana la vida con la punta de su espada. Efímera tal vez, pero no anodina, ya que también marcará un punto en el devenir de la existencia de Conan.
            Aparece únicamente en el relato Clavos Rojos, en el que ambos se unirán para sobrevivir a las asechanzas de los peligros de Xuchotl, la ciudad protegida por un dragón (estegosaurio), y que guarda en su seno el secreto de dos grupos enfrentados entre sí hasta su extinción por causa de una mujer que, si no es un demonio disfrazado, al menos se le parece a juzgar por sus ansias de muerte y destrucción.
            Puesto que Valeria es más liberal que Red Sonja, no tiene reparo alguno en acostarse con quien a ella le apetezca; cierto es que no acepta a cualquiera, y que jamás permite que se la toque sin su permiso, pero al menos se entrega; y después, si te he visto no me acuerdo, no busca una relación estable, no busca un hogar, sino el mero disfrute del momento. Ningún hombre la satisface para una relación duradera, sobre todo porque su carácter es fuerte y tiene madera de “jefa”, lo que hace que sea más complicado mantener algo estable con ella sin que salten chispas por cualquier nadería.
            Con Conan es más de lo mismo: no se lo pone fácil, aunque el bárbaro trata de acercarse a ella desde el principio, no se lo permite, le va poniendo coto; al final hay un momento en que cede, y se establece una relación que será tan corta como la aventura: ambos partirán en direcciones distintas, conscientes de que si permanecieran juntos su personalidad, su carácter de intentar imponerse, harían que acabaran por matarse entre sí.
            ¿Qué vemos en este caso? Algo etéreo, una relación que no hay intención de mantener, que se lleva el viento por diferentes motivos, siendo uno de ellos el que Valeria no esté dispuesta a ningún compromiso serio. Y con ello, el tercero de los elementales a los que estamos aludiendo a lo largo de este artículo: AIRE.

Zenobia

            Y llegamos a la última de las mujeres más importantes de la vida de Conan: Zenobia, la mujer con la que se casa y que le da hijos para heredar el trono de Aquilonia, un trono que ha conseguido a sangre y fuego, arrebatándoselo a un tirano loco que había perdido el juicio creyéndose divinidad.
            Zenobia… La hogareña, la mujer que busca una estabilidad, alguien que le aporte algo más serio que una simple noche de placer, y a quien entregarle un amor sereno, de confianza y respeto, un punto de equilibrio sobre una vida llena de inestabilidad.
            La historia de Zenobia con Conan comienza en los calabozos de Belverus, la capital nemedia, donde ha sido arrojado tras ser derrotado en una batalla (La Hora del Dragón, en España traducido como Conan el Conquistador). Le proporciona el escape y un arma adecuada para sobrevivir a la huida. Posteriormente, Conan regresará a Belverus en su busca para llevarla a Tarantia y convertirla en su esposa.

            Aquí vemos a un bárbaro más centrado, menos dado a la pasión. Ha madurado y está tratando de convertirse en un rey adecuado para los aquilonios, algo nada fácil cuando las traiciones, los celos y las envidias andan pululando como moscas alrededor de un pastel… De principio la sensación que da es la de agradecimiento a la mujer que le ha salvado la vida, aunque luego ese agradecimiento deviene, evidentemente, en algo más emotivo, más cercano, que dará lugar a que reconozca a la nemedia como la mujer que le dará descendencia para mantener a su dinastía en el trono, la que le ofrecerá un punto de sentido común y estabilidad en medio de la vorágine que supone gobernar un reino para alguien que ha pasado toda su vida manejando su destino a golpe de espada…Es éste un amor más sereno, más completo, que podemos definir como más aferrado a la realidad. Y esta relación, como no podía ser menos, se puede definir con el elemental que nos falta. Tenemos Hielo (Agua), Fuego, Aire… Sólo nos falta TIERRA.

domingo, 1 de octubre de 2017

FRITZ LEIBER

FRITZ LEIBER

José Francisco Sastre García

            Hablar de Fritz Leiber es hablar de una época dorada en la literatura, no sólo la pulp, sino también con mayúsculas: evocamos un momento en que surgieron escritores de la talla del que tratamos hoy, junto con otros como R. E. Howard, H. P. Lovecraft, Seabury Quinn, Abraham Merritt, Frank Belnap Long, Erle Stanley Gardner, Manly Wade Wellman, Henry Kuttner, Clark Ashton Smith…
            Para muchos amantes de la literatura de género, este escritor está considerado como el padre del estilo denominado como Espada y Brujería (Sword & Sorcery). Y ello porque se anticipó a Howard, el otro gran fundador de este género, con una saga que pasaremos a comentar a continuación, un auténtico hito en la fantasía que no desmerece en lo más mínimo las de Howard: la serie de Fafhrd y el Ratonero Gris. La clave de esta polarización sobre quien lo creó o inventó está sobre todo en el hecho de que aunque fue el primero y sus personajes trascendieron las páginas en las que lo había plasmado, su obra quedó en parte supeditada al tremendo boom que supuso la aparición de las figuras emblemáticas del mundo howardiano: Conan el Bárbaro, el rey Kull, Cormac Mac Art, Solomon Kane, Bran Mak Morn… He ahí la gran diferencia entre uno y otro: el primero fue Leiber, que sentó las bases, y el tejano le dio tal impulso que se puso a la cabeza de la lista por goleada.
            Fritz Leiber tocó todos los géneros, y en cada uno de ellos mostró unas características ligeramente distintas, adaptadas a lo que necesitaba en cada momento: de forma genérica, podemos decir que su estilo era rápido, ligero, con una densidad muy fácil de llevar, y un ritmo acorde a cada historia, dependiendo de que se necesitara la velocidad de la acción trepidante como el la saga de Newhon (Fafhrd y el Ratonero Gris), o una desaceleración agobiante, insidiosa, como en Nuestra Señora de las Tinieblas.
            Su obra más celebrada es, sin duda alguna, la saga que ya hemos citado, una serie de libros estructurados a base de relatos independientes aunque agrupados por orden cronológico, en los que recrea un mundo, el de Newhon, por donde se mueven los dos personajes principales, sobre todo en torno a la ciudad más importante y al tiempo sucia o corrupta, Lankhmar.
            Preguntarán quiénes rayos son esa pareja que cito… Pues bien, estamos ante una obra llena de sarcasmo, ironía, acción a raudales y al tiempo plena de tragedia y dolor: si ya de por sí el Ratonero es un pícaro en busca de vida fácil, dispuesto a lo que sea con tal de disfrutar de todos los placeres y comodidades de la existencia, y Fafhrd un bárbaro norteño estoico pelirrojo, casi incapaz de reconocer el sarcasmo y con muchas ganas de juerga y poca capacidad para asumirla como lo que es, la asociación entre ambos hará que sus personalidades se vayan cruzando para dar lugar a dos tipos en los que el hedonismo y la buena vida son una seña principal de identidad para correr aventuras de todo tipo, marcadas por la tragedia de perder a sus parejas respectivas y, sobre todo, por el posterior mecenazgo, por llamarlo de alguna manera, de una pareja de dioses tan caprichosos como volubles, Ningauble y Sheelba.
            Uno de los detalles que hacen de estas historias algo tan atractivo es precisamente la polarización, el contraste tan brutal entre ambos personajes: el urbanita, asentado, conocedor de todos los entresijos de la vida en la ciudad y decidido a aprovecharlos hasta el último, y el bárbaro procedente de las montañas, en apariencia simple, directo, sin malicia ni conocimiento del mundo urbano en el que lo introduce el Ratonero a golpes de espada y triquiñuelas. Normalmente se suele poner a un protagonista y su comparsa, pero en este caso no: son dos protagonistas, cuyos caracteres se complementan a la perfección, ofreciendo la inteligencia y la picaresca contrapuestos a la simplicidad, la fuerza bruta y un cierto código de honor.
De lectura sencilla, en la que en ocasiones aparece una cierta densidad que se sobrelleva muy bien, es una obra maestra de la espada y brujería, altamente recomendada, con la que podemos pasar horas de entretenimiento y diversión leyendo las hazañas, entre improbables, imposibles o absurdas, de esta pareja que se enfrenta a toda suerte de peligros, incluida la propia Muerte, a la que llegan incluso a burlar en su propio reino…
            La trama está preñada de picaresca, latrocinio, engaños… Momentos cómplices en los que el lector no puede por menos que sentir simpatía hacia estos personajes, baqueteados por la diosa Fortuna y, más concretamente, por sus mentores, que los usan a su antojo hasta que se rebelan y tratan de seguir su camino por su cuenta, para descubrir que nadie es completamente libre.
            Si cambiamos de tercio y nos vamos al terror, nos encontraremos con un Leiber en el que la ambigüedad, el miedo a la oscuridad y a lo desconocido, generan un ambiente pavoroso, que arrastra a quien lo lee hacia un marasmo de locura en el que los protagonistas caen sin apenas darse cuenta de lo que está sucediendo, cuando ya es demasiado tarde para huir del horror que se ha extendido sobre ellos. Aquí descubrimos a un escritor que sabe jugar muy bien con la psicología de los personajes, con los miedos, los terrores más profundos, guiando al lector hacia el objetivo de ponerse en la piel de los personajes, tratando de ver la manera de escapar al destino que se cierne inexorable sobre ellos. Con un ritmo más pausado, que no lento, la trama y la acción envuelven como un sudario a quien está intentando seguir el hilo, ofreciéndole pistas y señales pero sin dar la solución final hasta que ésta acaece sin remedio. Llegó incluso a tocar el mundo lovecraftiano de los Mitos de Cthulhu con una novela, The Dealings of Daniel Kesserich, perdida durante mucho tiempo hasta que se publicó en 1997, después de su muerte en 1992, aunque había sido escrita en 1937. Sus ambientaciones, escenarios, lo han convertido, por derecho propio, en el precursor de lo que hoy por hoy se denomina terror urbano.
            Y ya pasamos a la ciencia ficción: aunque la originalidad no es fácil en este género, puesto que ya en su momento se asentaron unas bases de las que resultaba muy difícil escapar sin caer en la chapuza, el autor consigue darle un nuevo punto, unos enfoques a sus historias que las hacen cuando menos novedosas, atractivas y adictivas, en las que introduce elementos que son casi como fetiches para él: los gatos, por ejemplo, que fueron una de sus mayores aficiones en vida, jalonan buena parte de sus historias, hasta el punto de que en algunas de ellas se trastocan en alienígenas de aspecto felino con un tremendo poder de seducción que afecta profundamente a los humanos, o gatos con un coeficiente intelectual de incluso 160… Historias de ritmo cambiante, en las que todo puede suceder en un cosmos lleno de universos paralelos, de dimensiones a través de las cuales viajan todo tipo de seres…
            Y todavía queda algo sobre Fritz Leiber que no he dicho: después de que se estrenara la película Tarzán y la Ciudad de Oro, Burroughs le otorgó permiso para escribir la novelización de dicho film, convirtiéndolo en Tarzan and the Valley of Gold, una historia que no llegó a publicarse en España, como tantas otras, en la que mantiene el espíritu del carismático personaje y lo introduce en aventuras nuevas que consigue llevar a buen puerto.
            Sus principales influencias literarias fueron Lovecraft y Robert Graves en sus comienzos, aunque posteriormente sentiría una enorme fascinación por Carl Gustav Jung, cuyos conceptos de ánima y sombra usaría a menudo en sus narraciones. A lo largo de su vida se dedicó no sólo a la escritura, también fue un jugador de ajedrez de un nivel más que medio, además practicante de esgrima y actor, hecho éste que se nota en algunas de sus novelas, que construye a modo de escenario casi único y con pocos personajes, cosa que no desmerece en absoluto su maestría a la hora de abordar las tramas y desarrollarlas con un estilo único e inimitable. Y la pérdida de su primera mujer, aunque lo hundió en el dolor durante una temporada, fue también fuente de inspiración para su novela Nuestra Señora de la Oscuridad.
            Amante de la buena vida, ese carácter se nota con mucha claridad en la actitud del carismático Ratonero Gris, un joven enamorado de la picaresca, sin la más mínima intención de buscarse un trabajo en condiciones, con una autoestima a prueba de toda medida y una habilidad con el estoque que rivaliza con los mejores esgrimistas de Lankhmar.
            Su obra de fantasía más conocida sirvió de base para un conocido juego de rol, Dungeons & Dragons, lo que le reportó pingües beneficios que se encargó de dilapidar a lo largo del tiempo, hasta su muerte. A este respecto, resulta curioso comprobar la deuda que tiene esta forma de entender el ocio y el juego, y su consecuencia, con Leiber: Fafhrd y el Ratonero Gris sirvieron de pistoletazo de salida para Dungeons & Dragons, y luego éste sirvió como trampolín para crear obras como la Dragonlance, y otros juegos de rol basados en su sistema de juego, como Hyboria y algunos otros…
            Aunque tiene unas cuantas novelas, su principal obra es el relato breve o medio: así está construida la serie de Fafhrd y el Ratonero Gris, a base de retazos de las aventuras de los personajes que va estructurando de manera cronológica, excepto por una novela, Las Espadas de Lankhmar, la única de la serie en la que se extiende más para crear un argumento un poco más cercano al concepto de fantasía épica pero sin llegar a ello, quedándose en la espada y brujería más tradicional; de la misma manera, muchos de sus relatos de terror o ciencia ficción son cortos e intensos, obsequiando al lector con joyas que merece la pena descubrir…
            Si desean conocer su obra, aquí tienen una base sobre la que comenzar a trabajar:

 Serie de Fafhrd y el Ratonero Gris (Newhon)
  • Espadas y demonios (1970)
  • Espadas contra la muerte (1970)
  • Espadas entre la niebla (1968)
  • Espadas contra la magia (1968)
  • Las espadas de Lankhmar (1968)
  • Espadas y magia helada (1977)
  • La hermandad de las espadas (1988)

 Novelas
  • Esposa hechicera (1943)
  • Gather, Darkness! (1943)
  • The Sinful Ones, también conocido como: You Are All Alone (1953)
  • The Green Millennum (1953)
  • Destiny Times Three (1957)
  • The Big Time (1961)
  • Los cerebros plateados (1961).
  • El planeta errante (1964)
  • Ships to the Stars (1964)
  • Tarzan and the Valley of the Gold (1966)
  • Un fantasma recorre Texas (1969)
  • Night Monsters (1969)
  • The Demons of the Upper Air (1969)
  • You're All Alone (1972)
  • Our Lady of Darkness (1977)
  • The Dealings of Daniel Kesserich (1997)

Recopilaciones de relatos

  • La mente araña y otros relatos (1961)
  • Las canciones secretas (1968)
  • The Best of Fritz Leiber (1974)
  • Crónicas del gran tiempo (1984)

sábado, 23 de septiembre de 2017

WILKIE COLLINS

WILKIE COLLINS

José Francisco Sastre García

            Considerado uno de los grandes escritores del terror y el suspense del siglo XIX, Wilkie Collins es una figura que se mueve entre diferentes aguas; curiosamente, después de leerlo, la sensación que se me queda es que tal vez para su época fuera un gran escritor de terror, pero ahora, lo propondría más bien como un autor de misterio, de marcado ambiente psicológico.
            La Dama de Blanco, El Hotel de Los Horrores, La Confesión del Pastor Anglicano… Sus obras, pletóricas de calidad, trascienden el correr de los tiempos y se vuelven atemporales, estando tan vigentes hoy en día como lo estuvieron en su momento; y, sin embargo, en ese transcurso, en ese devenir, diríase que pierden parte del horror que pudieron haber transmitido, quedándose en un suspense con tintes sobrenaturales que no alcanzan a arrancar al lector el escalofrío propio de una historia de miedo…
            En el fondo, de Wilkie Collins tendríamos que decir, más bien, que se trata de un autor mucho más centrado en las personalidades de los protagonistas que en la propia trama que, aunque cuidada, resulta hasta cierto punto previsible: no hace falta avanzar mucho para que el lector vaya descubriendo lo que va a suceder y cómo va a terminar el asunto, aunque el escritor lo deje en una nebulosa de ambigüedad que pretenda generar una duda que se demuestra inexistente ante la contundencia de los datos aportados a lo largo de la narración; lo que realmente hace que sus historias adquieran ese valor añadido, ese valor de gran obra, es, como ya hemos dicho, la actitud que imprime en sus personajes, una actitud de por sí sorprendente.
            Si bien la mayoría de los protagonistas están cortados por los tópicos del siglo XIX, aquellos que están destinados a un destino funesto poseen un aliciente nuevo, distinto: en todos ellos se advierte un fatalismo que los conduce a la caída definitiva, a la perdición; ese fatalismo puede estar encarnado por cualquier cosa, cualquier detalle que les infunde el pavor que consigue que se entreguen sin ningún tipo de retención, negándose en el fondo a admitir que las cosas no tienen por qué salir de la manera que ellos han entendido… Se arrastran a sí mismos, en una suerte de mal de ojo autobuscado, autocomplaciente, hasta un punto de inexorabilidad que los lleva de forma directa e inapelable a concluir su existencia de la manera más funesta posible.
            Ésa es la clave principal de Wilkie Collins; ésa, y un estilo depurado, decimonónico, que incluso hoy en día llama la atención, de lectura fácil, sin sobresaltos ni florituras extrañas, con muy pocos giros inesperados, en una recreación prácticamente lineal que va guiando la historia de principio a fin sin ninguna desviación sobre el tema principal.