sábado, 10 de octubre de 2015

EL REY SALOMÓN



EL REY SALOMÓN:
DE LA SABIDURÍA Y LA MAGIA

José Francisco Sastre García


            Considerado como el paradigma de la sabiduría, el Rey Salomón encarna a ojos de la gente lo que debería ser un rey justo, sabio, filósofo, e incluso mago: sus hazañas y máximas, tanto si son reales como imaginarias, han recorrido el mundo una y otra vez hasta resultar archiconocidas. Pero, realmente, ¿quién fue Salomón? ¿Es el gran rey que se nos ha vendido desde la Biblia? Comprobémoslo…

El personaje

            Según la Biblia, sería el tercer y último rey de Israel en su etapa unificada; según los investigadores, históricamente quedaría encuadrado entre los años 970 a.C. y 930 a.C. aproximadamente, consiguiendo mantenerse en el trono durante alrededor de 40 años.
Salomón fue el segundo de los hijos que tuvieron el rey David y Betsabé. Al parecer, el profeta Natán había informado al vencedor del gigante Goliat que Dios había ordenado la muerte de su primer hijo como castigo por el pecado del rey, quien prendado de Betsabé, había enviado a la muerte a su marido Urías para poder casarse con ella. Tras una semana de oración y ayuno, David supo la noticia de la muerte de su hijo y “consoló” a Betsabé, quien inmediatamente quedó embarazada, esta vez de Salomón.
La historia de Salomón se narra en el Primer Libro de los Reyes, 1-11, y en el Segundo Libro de las Crónicas, 1-9. Sucedió a su padre, David, en el trono de Israel hacia el año 970 a. C. Su padre lo eligió como sucesor a instancias de Betsabé y Natán, a pesar de tener hijos de más edad habidos con otras mujeres. Fue elevado al trono antes de la muerte de su padre, ya que su hermanastro Adonías se había proclamado rey.
El nuevo monarca ordenó posteriormente que Adonías fuera ejecutado, y su partidario, el sacerdote Abiatar, fuera depuesto de su cargo, en el que fue sustituido por Sadoc. Del relato bíblico parece deducirse que a la ascensión de Salomón al poder tuvo lugar una purga en los cuadros dirigentes del reino, que fueron reemplazados por personas leales al nuevo rey.
Esa “rectitud” y “justicia” que se difundía en la sociedad al aplicar la Ley de Dios lograba la prosperidad de su reino, alcanzando el mayor esplendor de la monarquía israelita. Mantuvo en general la paz con los reinos vecinos, y fue aliado del rey Hiram I de Tiro, quien le auxilió en muchas de sus empresas.
Emprendió numerosas obras arquitectónicas, entre las que destaca por encima de todas la construcción del Templo de Jerusalén como lugar para la permanencia del legendario Arca de la Alianza, aunque destacan también la erección de un fabuloso palacio, o la construcción de un terraplén que unía el templo con la ciudad de Jerusalén. En la construcción de sus edificaciones participó un gran número de técnicos extranjeros, como albañiles y broncistas de Tiro o carpinteros de Gebal, entre quienes destaca con luz propia el arquitecto Hiram, y se importaron lujosos materiales procedentes de Fenicia. Asimismo, se establecieron relaciones comerciales con los pueblos mediterráneos, tanto europeos como africanos, entre los que uno de los grandes puertos era Tharsish, probablemente la ciudad que conocemos como Tartessos.
Durante el transcurso de su reinado la monarquía hebrea tuvo su momento de mayor prosperidad y el esplendor de su nación llamó la atención de la reina de Saba. Se hablaba también del llamado Juicio de Salomón.
Al respecto de la también famosa reina de Saba, en la tradición de la Iglesia ortodoxa etíope se señala que ambos monarcas quedaron locamente enamorados uno del otro, engendrando un hijo al que se le llamaría Menelik I, quien sería futuro rey de Etiopía, y de quien esta tradición dice que sacó el Arca de la Alianza de Israel, llevándosela a su reino: el libro Kebra Nagast, considerado como la Biblia de los ortodoxos etíopes, relata esta historia.
No obstante, para consolidar el poder político de Israel en la región, contrajo matrimonio con una de las hijas del faraón del Antiguo Egipto, Siamón. Salomón se fue rodeando de todos los lujos y fue adquiriendo la grandeza externa de un monarca oriental. Esto hizo, sin embargo, que en la segunda mitad de su reinado cayera en la idolatría, supuestamente inducido por sus numerosas esposas extranjeras. De acuerdo con 1 Reyes 11:3, “tuvo -contrariando la Ley- setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas, y esas mujeres le desviaron el corazón”.
La seguridad interna y el control de las vías de comunicación habían facilitaado una amplia expansión del comercio hebreo. Se dice que sus naves llegaron hasta un legendario reino conocido como Ofir, posiblemente en algún lugar del Mar Rojo aunque se barajan otras ubicaciones como el Sur de Africa, donde cargaron 14.300 kg de oro. Tanto el rey como el pueblo se dedicaron a comerciar, cayendo atrapados por el ansia de riquezas e incurriendo en un serio materialismo. Aquí fue, al parecer, donde se dio el punto de inflexión hacia un modo de vida que posteriormente sería causa de reproches por parte de los profetas.
En vez de administrar justicia, los propios hebreos… “oprimían a los pobres”, “acechaban… a las personas. Sus casas estaban llenas de fraudes; con esos fraudes se han engrandecido y se han hecho ricos…”.
En las transacciones, el rey demostraba que ya no era justo; al mismo tiempo, reavivó el tema de la esclavitud en los infieles, permitió sacerdotes que en muchos casos eran indignos de ser declarados tales e incluso se cubrió de elementos de guerra (carros y caballos).
Aquél pecado de Salomón, priorizar la obtención de riquezas por sobre la Ley de Dios, fue según la Biblia la causa de que a su muerte se dividiera el reino de Israel, aunque históricamente hemos de reseñar que la división de Israel era inexorable, pero ocurriría en la generación de su hijo.
Sin embargo, a pesar de haber cometido el grave pecado de caer en la vanidad y la soberbia, se arrepintió para posteriormente escribir el Libro de Eclesiastés y  aconsejar mediante él a otros que no siguieran su ejemplo.
También se le atribuye la autoría de otros libros bíblicos, como el Libro de los Proverbios o el Cantar de los Cantares. Más tarde, su fama y supuesta gloria harán que se le convierta en el protagonista de muchas leyendas, entre las que se le cita como que fue uno de los maestros de la Cábala.
En el Tanaj (libro hebreo, a una versión del cual los cristianos llaman Antiguo Testamento) también se le llama Jedidías.
En el momento de su mayor esplendor, el imperio hebreo se extendía desde el Nilo en Egipto hasta el río Éufrates en Mesopotamia, un imperio que se distribuía en doce distritos.
            La figura de Salomón, y la leyenda que lo envuelve, ampliada enormemente con el paso del tiempo, posee múltiples perspectivas, entre las que destacan fundamentalmente tres: la de sabio o filósofo, la de mago y la de constructor. Veamos cada una de ellas.

EL MAGO

En la Biblia y el Corán podemos leer sobre los poderes mágicos del rey Salomón. En el Sutra XXVII del Corán se menciona cómo el rey David, cuando era un joven pastor en contacto con la naturaleza, aprendió “el idioma de los pájaros”, idioma que al parecer debió enseñar a su hijo Salomón al percibir en él una gran sabiduría cuando todavía era niño. Aquí nos encontramos con una contradicción, pues en la Biblia se dice expresamente que la sabiduría fue un regalo que Yahvé hizo al futuro monarca.
El conocimiento de este “idioma natural” era la clave para que los reyes David y Salomón entendieran las Leyes del Universo y pudieran materializarlas en el arquetipo ideal de belleza.
Al parecer el monarca se interesó notablemente por la alquimia y la magia, aprendiendo todo lo imaginable sobre el control de los demonios y los elementos naturales y sobrenaturales, tocando temas como la transmutación de los metales, el elixir de la vida eterna… hasta el punto de que las tradiciones afirman que consiguió encerrar, o al menos controlar mediante la mera fuerza de su voluntad y su poder a todos los diablos y seres malignos, escapándosele muy pocos. Aparentemente escribió varios tratados al respecto, tratados que debieron influir poderosamente en la vida de las generaciones y culturas posteriores: el historiador judeo-romano Flavio Josefo (37-100 d.C.) menciona unos interesantes detalles que nos permiten ver cómo durante la época del Imperio Romano, la magia ritual salomónica influyó mucho en las gentes. Estos aspectos mágicos se mantuvieron hasta la Edad Media, manifestados en hechos como la creencia en la existencia de “diablos” y la lucha contra las enfermedades por medio de exorcismos. Orígenes, uno de los padres de la Iglesia griega, mencionaba estas curaciones, que pudo haber leído en la literatura mágica atribuida al rey Salomón.
Según diferentes versiones, el propio Yahvé, o el Arcángel San Miguel por intercesión de aquél, entregó a su bienamado servidor el Anillo o Sello de Salomón, con el que llegó a hacer grandes proezas como la que ya hemos mencionado de aherrojar a los demonios bajo su voluntad, un objeto que, según se cuenta, sólo podía usar el propio monarca y que corrompía a todo aquél que intentara manejarlo por su cuenta. Posteriormente, se utlizaría esta figura, un pentángulo (también conocido como pentáculo) o estrella de cinco puntas con el sagrado nombre de Dios escrito en su interior, para la práctica de todo tipo de magias. Durante mucho tiempo se vendieron, y aún se siguen encontrando en las tiendas de magia, amuletos con dicho símbolo, ya que se le atribuía la propiedad de invocar al espíritu de Salomón para defenderse de muchas enfermedades contagiosas. Después de todo, el rey Salomón era el mayor mago de todos los tiempos y llegó al punto de poner al Diablo a su servicio.
Asimismo, se atribuyen al mítico monarca objetos de enorme poder mágico o místico cuya persecución ha marcado el devenir de la historia, entre los que se cuenta como uno de los más importantes la Mesa del Rey Salomón, también conocida como Tabla o Espejo, en la que se dice, entre otras cosas, que estaba escondido el nombre oculto de Dios que no se debe pronunciar jamás, el Shem Shemaforash.
Un manuscrito del siglo IV, el Testamento del rey Salomón, desmitificaba el poder mágico del rey. El texto incluía una biografía de Salomón y de la época de su gobierno, incidiendo especialmente en la construcción de su Templo. En la Edad Media se consideró que el libro era un hito en el campo del exorcismo, y demuestra la creencia en la existencia de demonios en la Cristiandad del siglo XVI.

EL SABIO / FILOSOFO

La segunda característica que tradicionalmente se destaca del rey Salomón es una excepcional “sabiduría”. En las tradiciones religiosas judía y cristiana, el “juicio del rey Salomón” se ha convertido en el símbolo del concepto de sabiduría, relacionado con su gran conocimiento mágico. En su obra, Flavio Josefo relacionaba la concepción del Viejo Testamento de la “Sabiduría” y la figura del rey Salomón de un modo parecido al de la Biblia. También escribe acerca de momentos del reinado de Salomón como el de los enigmas que el rey Salomón intercambió con Hiram de Tiro o las “pruebas” que le impuso la Reina de Saba cuando viajó a Israel para comprobar su gran sabiduría.
Los cristianos del siglo V hicieron grandes esfuerzos para diferenciar la idea que se tenía de la sabiduría del rey Salomón de su conocimiento mágico. Así, acentuaron la sabiduría de Salomón como el “Hagia Sophia”, la Sabiduría Divina. En el año 537 d.C. se dedicó una de las mayores iglesias de la época, construida en Constantinopla, a este concepto. En su ceremonia de apertura el emperador Justiniano la asoció con el Templo de Salomón.
Pero es sobre todo en el siglo XIII cuando se afianzó la idea de que Salomón poseyó toda la sabiduría de su tiempo, convirtiendo definitivamente al rey en un símbolo de la Sabiduría Divina.
Esto también se expresó en numerosas estatuas e imágenes de las fachadas y las vidrieras de las catedrales medievales. En la catedral de Amiens (qué ha sufrido pocos daños importantes desde su terminación) encontramos la estatua del rey Salomón, justo en el centro de la fachada occidental, flanqueado por las dos columnas de su Templo. Sobre él, encontramos la estatua del Cristo, dando la impresión de que el rey Salomón está llevándolo sobre sus hombros. Esta composición se encontraba en muchas otras catedrales, aunque la mayoría se demolieron durante la revolución francesa.
En los escritos medievales se señala a menudo que las catedrales góticas se construyeron basándose en los principios del Templo de Jerusalén, comenzado por el rey David y continuado por el rey Salomón. En la Biblia Moralisè francesa, el rey Salomón aparece de nuevo, de forma recurrente, como el símbolo de la Sabiduría Divina. En el encuentro con la reina de Saba, ésta simbolizaba la Iglesia que había dejado de escuchar las palabras de Dios y las recuperaba dialogando con el rey Salomón. El “Juicio del rey Salomón” es otro tema que podemos encontrar en las fachadas de casi todas catedrales medievales. Normalmente el rey Salomón aparece sentado o de pie entre las dos columnas de su Templo, junto a dos mujeres que se pelean por el niño vivo, mientras que los soldados hacen ademán de partirlo en dos. Investigaciones recientes parecen demostrar que esta leyenda popular es muy anterior a la época del rey Salomón, y que simplemente se adaptó con su nombre

¿Obras del Rey Salomón?

Las excavaciones arqueológicas y el estudio de los textos que se escribieron en la época del rey Salomón socavan cada vez más su imagen de personaje legendario. Hoy sabemos que no escribió ningún libro del Viejo Testamento: el Libro de Proverbios se compuso 500 años después de la muerte del rey Salomón y deriva principalmente de los manuscritos egipcios descubiertos al principio de este siglo. Orígenes ya señaló que Salomón no pudo escribir el Cantar de los Cantares del Viejo Testamento.
Uno de los más conocidos libros apócrifos de la Biblia es el denominado Testamento del Rey Salomón, escrito en el siglo I a.C. Aún mucha mayor difusión si cabe tuvieron las Clavículas de Salomón (El término clavícula no alude, como podría pensarse, a los huesos del monarca, como fuente de magia o similar, sino al latín “clavis”, llave, en alusión a una pequeña llave que da acceso al conocimiento mágico), un confuso ensayo de magia y exorcismo. Tras la invención de la imprenta, este libro se aumentó muchas veces hasta el siglo XVIII, añadiéndosele nuevas ilustraciones y comentarios. Actualmente se ha demostrado que su texto se escribió originalmente en el siglo I d.C.

EL CONSTRUCTOR

Si hay una construcción por la que Salomón se ha hecho mundialmente famoso y legendario, ésta no es otra que el Templo que mandó erigir en honor a Yahvé y que contó con la colaboración de figuras de diversas culturas, como el arquitecto fenicio Hiram, también de gran fama como posible origen de los movimientos que posteriormente darían lugar a los maestros canteros medievales y las sociedades masónicas.
El Templo del rey Salomón, a diferencia de otros templos del siglo X a.C., no tenía ningún ídolo dentro, tan sólo el Arca de la Alianza con las Tablas de la Ley que Yahvé entregó a Moisés. El Templo se construyó en una meseta de 742 metros de altura y tenía la entrada dirigida al Este, hacia la salida del Sol en el Monte de los Olivos.
Actualmente no queda ningún rastro del Templo de Salomón: los 50 metros del Muro de las Lamentaciones pertenecieron originalmente a los muros de contención exteriores del Templo de Herodes, construido en el siglo I a.C. La situación del Templo de Salomón es bien conocida, cerca de la roca santa conocida como Moria, donde se quemaban en holocaustos animales a modo de ofrendas. Esta piedra tenía un tamaño de aproximadamente 17 m de longitud y 15 m de ancho, y resulta un punto de orientación fiable, ya que se situó cerca de la entrada oriental del Templo. Hoy día la Mezquita de Omar, la Kubat-as-Sachra, cubre este lugar, construida en el año 691 d.C. por Kaliff Aw-al-Malik. La presencia de esta mezquita hace imposible toda investigación arqueológica de los restos del Templo de Salomón, debido a los inevitables conflictos político-religiosos que tal coyuntura conlleva.
En la tradición judía se supone que el rey David recibió los planos del Templo con la información exacta de su forma y medidas, en un pergamino entregado por uno de los Profetas. Este pergamino debió ser entregado por el mismo Dios a Moisés, y desde entonces fue custodiado hasta que llegó el momento de la construcción. También la religión cristiana aceptó el origen divino de la disposición del Templo. Pero el cristianismo supuso que, tras su destrucción en el año 586 a.C., la reconstrucción de este Templo ideal no era posible por la ausencia de los planos originales.
La construcción del Templo comenzó durante el cuarto año del gobierno de Salomón, y tardó en ser construido aproximadamente 7 años, lo que implica que debió de terminarse en el año 961 a.C. El Templo propiamente dicho debió ser un edificio largo y bastante estrecho, orientado sobre un eje longitudinal en dirección Este-Oeste. El edificio debió tener una longitud de aproximadamente 30 metros, 9 metros de ancho y una altura de casi 3 metros.
En la fachada oriental se construyó una escalera, junto a la puerta de la entrada. A ambos lados de ésta se erigieron dos columnas, llamadas Jaquim y Boaz, la primera a mano derecha de la entrada y la segunda a su izquierda.
Los sacerdotes y el rey entraban en el Templo a través de una gran puerta chapada de oro, de aproximadamente 10 metros de alto y 4 de ancho. Tras esa puerta se encontraba el vestíbulo de entrada, el “Ulam”. Después de este vestíbulo, se encontraba la estancia principal, el “Hekal” o Santo, iluminado a través de unas ventanas altas. Estas ventanas eran más grandes hacia dentro que hacia fuera, simbolizando que la Luz vino del interior hacia el exterior. El “Hekal” medía 13’5 metros de alto, 9 metros de ancho y 18 de largo, en una proporción de 3:2:4. La anchura y longitud guardaban una proporción de 1:2, lo que significa que la planta del “Hekal” estaba compuesta de un “doble cuadrado”, una proporción que puede encontrarse en muchas “estancias sagradas”. El forjado de piedra se cubrió con un solado de madera de cedro en el que, según algunas fuentes, se grabó el Sello de Salomón. Las paredes del “Hekal” se cubrieron con lamas de cedro, traidas de las montañas del Líbano; las vigas del forjado también se hicieron del mismo material.
La tercera cámara, el “Debir” o Santo de los Santos (Sancta Sanctorum), se encontraba en la parte trasera, a un nivel más alto que el “Hekal”, y sólo podría accederse a él subiendo por una escalera. El “Debir” tenía la forma de un cubo de 9 x 9 x 9 metros, y en su centro se puso el Arca de la Alianza.
Las dos columnas Jaquim y Boaz se erigieron frente a la entrada del Templo y se fundieron en bronce en una sola pieza. Tenían una altura de más de 12 metros, con unos capiteles esféricos de aproximadamente 2 metros de diámetro. Las columnas sólo tenían una función simbólica y no sujetaban ninguna viga ni ningún elemento estructural. Los investigadores relacionan estas columnas con los obeliscos encontrados a la entrada de los templos egipcios. El arquitecto romano Vitruvio contaba que estos obeliscos se usaban como un reloj, midiendo su sombra como hacemos nosotros con los los relojes de sol. Sin embargo, las esferas ornamentales de encima de las dos columnas del Templo de Salomón habrían hecho muy inexacta esta función de reloj.
Cerca del Templo se situó un altar para los holocaustos y un gran cuenco de bronce, el “Mar de Bronce” o “Mar Cobrizo”. Éste era un gran cuenco semiesférico de 4’5 metros de diámetro, apoyado en las partes traseras de 12 toros, también fundidos en bronce, tres en cada dirección de los puntos cardinales. El cuenco debió pesar en vacío más de 25.000 Kg. El propósito de este depósito no está muy claro. Quizás se usara como un espejo para observar los cuerpos celestiales. En el idioma hebreo antiguo, las palabras para cobre y bronce eran idénticas: el bronce era un metal más duro y menos proclive a la corrosión, debido a la aleación de una cierta cantidad de estaño. Algunos autores creen que el “Mar” debió hacerse de bronce y no de cobre. Todas las herramientas de metal como martillos y cinceles se hicieron de bronce hasta el siglo XII a.C., cuando comenzó la producción de herramientas de hierro. Existió una gran tradición en la producción de bronce en Oriente Medio, donde el cobre se encontraba fácilmente en las minas de Arabia, el desierto al sur del Mar Muerto del que Salomón obtenía la mayor parte de sus fuentes de ingreso.
Lo problemático era más bien encontrar el estaño, un metal que entonces podía hallarse al aire libre en grandes cantidades sólo en las minas del Sur de Inglaterra (Las conocidas antiguamente como islas Casitérides). Los fenicios, dándose cuenta de este problema, navegaron con sus pequeños barcos hasta allí, atravesando el Mediterráneo y el Océano Atlántico.
Aunque siempre asociamos el nombre del rey Salomón a la construcción del Templo, en realidad su contribución no fue demasiado grande. La idea y las trazas se realizaron durante el reinado de su padre David, los arquitectos y los artesanos eran fenicios y los enormes gastos de la construcción fueron sufragados por los esforzados trabajadores de las minas de cobre, los marineros de la gran flota de naves comerciales y los soldados que saqueaban los países circundantes.
Recientes investigaciones del arqueólogo alemán Josefa Rupprecht han hecho sospechar que el rey David debió encontrar un templo más antiguo en ese lugar, que debió ampliar para cobijar al Arca de la Alianza. El rey Salomón debió modificar la planta del viejo templo de su padre con sucesivas ampliaciones y modernizaciones, de acuerdo con las trazas que había dejado su padre.
En el Viejo Testamento no se señala que en el monte Moria existiera este templo más antiguo, pero sí que se menciona en varios lugares como el rey que David envió a ese monte un gran número de materiales y trabajadores a lo largo de su gobierno. Entre otras cosas, se señala cómo el rey David gastó 3.000 talentos de oro y 7.000 talentos de plata de sus propias posesiones en la construcción del Templo. Dado que en esa época un talento pesaba 60 kilos, está claro que el edificio ya en el tiempo de David necesitó de una grandísima cantidad de dinero. También se hace notar cómo el rey David tenía a su disposición muchos dibujos del Templo, en que los que se incluían hasta los más pequeños detalles. El rey David también tuvo los primeros contactos con Hiram y sus consejeros. Por ello, el rey Salomón sólo se encargó de la ejecución (y pago) de trabajos ya dispuestos por su padre.
Durante las fiestas, las ofrendas en la hoguera se hacían en el patio interior, para lo que se construyeron utensilios especiales. El gran altar de hierro donde se encendía la hoguera se puso en medio del patio interior, con una llama que se mantenía encendida día y noche para realizar las ofrendas; las cenizas se dejaban caer a través de una reja sobre la Piedra Santa.
Durante las últimas décadas se han hecho excavaciones arqueológicas en diferentes lugares de Israel para comparar el Templo de Salomón con los restos de otros templos de la misma época. En 1957 se encontró un templo fenicio del siglo XIII a.C. La restauración de sus habitaciones y sus detalles decorativos clarificaron la tesis de que pudo ser un modelo directo del Templo de Salomón. Este templo tenía los mismos tres sectores cerrados con las dos columnas frente a la puerta de entrada, un vestíbulo principal y un recinto sagrado en la parte trasera sobre una plataforma algo más alta. El arqueólogo alemán concluyó: “Los arquitectos fenicios diseñaron el Templo de Salomón adoptando como modelos los edificios sagrados que existían en Canaán. Sin embargo, en ese tiempo en Israel esos edificios eran considerados como templos paganos”.
Tras terminar el Templo, el rey Salomón comenzó la construcción de su palacio, que era considerablemente más grande y más lujoso que el Templo, por lo que tardó en construirlo más del doble de tiempo. Con la terminación de estos edificios, Salomón comenzó a alejarse de su pueblo, que empezó a verle cada vez más como un dictador con aspiraciones totalmente diferentes a las de su padre.
Un problema mayor surgió cuando muchas de sus mujeres extranjeras quisieron erigir templos y altares para los que eran, a los ojos israelitas, dioses paganos. Se construyeron varios santuarios, como el de la hija del faraón egipcio, que quería cumplir sus deberes religiosos hacia los Dioses egipcios en sus viajes por Israel. Era bien sabido que el rey Salomón se comprometió con esas mujeres por razones políticas, pero a los sacerdotes y al resto de los israelitas no les gustaban esos templos paganos. Incluso el arquitecto que trajo el rey Hiram de Tiro para la construcción del Templo no fue bien recibido por el pueblo de Israel, ya que este rey adoraba a ídolos paganos.
Cuando el rey comenzó a hacerse mayor, aumentaron las críticas a su estilo de vida y a su actividad política. Al final de sus días, quedaron del rey Salomón dos percepciones diferentes: la del Salomón real que tenía cada vez más dificultades para ejecutar las ideas de su padre y la del rey legendario que fue subido a un pedestal siglos más tarde. Finalmente, fue esta última idea la que prevaleció, por lo que el rey sólo podía compararse con personajes de la talla de Alejandro Magno.

La figura de Salomón fue tan elevada que se le atribuyeron una gran cantidad de máximas de sabiduría, entre las que podemos citar algunas de ellas:

·      Las heridas que te causa quien te quiere, son preferibles a los besos engañadores de quien te odia.
·      El ánimo gozoso hace florida la vida; el espíritu triste, marchita los sucesos.
·      Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría.
·      La mejor medicina es un ánimo gozoso.
·      Siempre es tarde cuando se llora.
·      El ignorante, si calla, será tenido por erudito, y pasará por sabio si no abre los labios.
·      Una respuesta blanda, quiebra la ira; una contestación dura excita el furor.
·      El amor es fuerte como la muerte; los celos son crueles como la tumba.
·      Las ideas se corroboran con sugerencias.
·      El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de las angustias.
·      La paz hace crecer las cosas pequeñas, la guerra arruina las grandes.
·      La Bendición de Jehová es la que Enriquece. Y no añade tristeza con ella.
·      Es gloria de Dios dejar cosas ocultas, y gloria de los reyes descubrirlas.
·      Como son altos los cielos, y la tierra profunda, así también el corazón de los reyes.
·      Si quitas las impurezas de la plata, saldrá un vaso para el platero.
·      Quita a los malvados de la presencia del rey, y se dedicará a realizar la justicia.
·      No te des importancia ante el rey ni te pongas en el puesto de los grandes.
·      Porque preferible que te digan: Sube acá, que ser humillado después de haber visto al príncipe.
·   No te precipites para demandar a tu prójimo, porque ¿qué harás después si él te confunde? Defiende tu causa contra tu prójimo, pero no des a conocer el secreto de otro.

Asimismo, este monarca ha engendrado multitud de leyendas en torno a sí mismo, ensalzando su sabiduría y su conocimiento. Veamos algunas de estas historias:

·      El Juicio de Salomón. Es el más conocido de los relatos acerca de las andanzas del monarca, según el cual dos mujeres se presentaron ante él con un niño del que pretendían su maternidad. Para resolver la cuestión, el rey ordenó a sus soldados que partieran al infante por la mitad, momento en que una de las mujeres intervino para evitarle semejante destino: la criatura fue ofrecida inmediatamente a ella por considerar que era su madre, mientras que la otra mujer fue castigada.
·      La tradición judía cuenta que cuando el rey David se encontraba en los umbrales de la muerte, llamó a su hijo y sucesor, Salomón, para despedirse de él. Salomón, que era joven, inexperto y estaba muy preocupado por la corona que pronto sería suya, rogó a su padre que le dejara algo que pudiera serle de ayuda en tiempos de crisis. David le dio un joyero que contenía una moneda. “Cuando te encuentres en aprietos”, dijo el viejo rey, “abre este estuche y mira la cara de la moneda. Pero cuando te encuentres en la cima del bienestar, vuelve a abrirla y dale la vuelta y mira el lado opuesto. Que Dios sea contigo, hijo mío”. Y murió. Los años pasaron y Salomón se encontró asediado por problemas graves. Entre los altos rangos de sus oficiales mayores se gestaba una rebelión. Las varias esposas con las que había casado le exigían opuestos caprichos, llegando incluso a construir altares para los dioses extraños que en sus países de origen acostumbraban a idolatrar. El inmenso peso económico y logístico de construir el primer Templo para el Dios de Israel era casi imposible de resistir. Salomón estaba abatido y apesadumbrado cuando recordó el consejo de su padre y abrió el joyero. En la cara de la moneda leyó las palabras hebreas: Gam zeh ya'avor que significan “Esto también pasará”. Se sintió profundamente reconfortado por el mensaje y volvió a tomar el control de su destino con confianza y decisión. Se superaron los obstáculos. Se disipó la rebelión. Se terminó el glorioso Templo de Dios, un Templo cuya gloria física y espiritual ensombrecía toda forma de culto pagano en Israel. Los barcos de Salomón surcaron los mares y trajeron gran prosperidad a su pueblo. Desde todos los lugares, los altos y los poderosos hacían peregrinaciones para rendir tributo a Salomón, a sus riquezas y a su sabiduría. Sentado en el cenit, Salomón olvidó las últimas palabras de su padre. No volvió a abrir el joyero. Fue entonces cuando Asmodeo, Rey de los Demonios, golpeó la puerta de su corazón. Según la leyenda, Asmodeo había sido llevado encadenado ante el rey Salomón y convertido en su esclavo. Tener tanto poder sobre el Rey de los Demonios era otro logro supremo que enriquecía el orgullo de Salomón y aumentaba su sensación de ser invencible.
Sucedió que cierto día, el Rey le dijo a Asmodeo que no entendía cuál era la grandeza de los demonios, si el rey de todos ellos podía ser encadenado por un mortal. Asmodeo respondió que si Salomón le quitaba las cadenas y le prestaba su anillo mágico, podría probarle los poderes que poseía. Salomón aceptó. El demonio se puso de pie ante él, con una de sus alas tocando el cielo y la otra apuntando hacia la tierra. Tomó a Salomón, que le había entregado su anillo protector, y lo llevó volando a cuatrocientos kilómetros de Jerusalén, y luego se designó a sí mismo como rey.
Durante tres humillantes años, Salomón vagó por la tierra de Israel, viviendo con lo que le daban en las casas donde pedía de comer. Una y otra vez exclamaba: “¡Soy Salomón, Rey de Jerusalén!” Sus palabras provocaban burlas y risas estridentes. “El más sabio de todos los hombres” era ahora considerado un loco de atar. Era un castigo que le hizo prestar atención a una voz mortecina del pasado. Recordó la moneda y la leyenda: “Esto también pasará”. Sintiéndose profundamente reconfortado por el mensaje, volvió a tomar el control de su destino y después de grandes luchas consiguió recuperar su trono y su riqueza. Fue entonces cuando otra vez en la cima de la gloria pensó de nuevo en la moneda y en su reverso. Si en los tiempos difíciles le había ayudado a superar todos los obstáculos cual podría ser el mensaje que la moneda encerraría para los momentos de gloria. Salomón abrió el joyero que su padre le entrego al morir, tomo la moneda, le dio la vuelta y leyó: Gam zeh ya'avor, “Esto también pasara” y así fue como Salomón se convirtió realmente en el ser humano más sabio de todos los tiempos.
·      Otra de las anécdotas sobre el Rey Salomón cuenta que estaba sentado en su trono cuando sus guardias trajeron ante su presencia a un hombre amarrado y a una mujer que los acompañaba. La mujer clamaba:
-”Mi rey, te pido justicia para que castigues a este hombre por haber manchado mi reputación”
 - “¿Qué ha hecho este hombre?” preguntó el soberano.
- “Su majestad, este hombre me sedujo contra mi voluntad, y ha destrozado mi reputación, debes ejecutarlo para que mi nombre quede limpio otra vez”, clamaba la mujer.
- “¿y tú mujer, no contribuiste a que este hombre te sedujera?
-”no mi rey, yo no contribuí, pero este hombre me forzó a tener sexo con él”
El rey Salomón meditó un poco para ver si la mujer decía la verdad o si mentía. De pronto ordenó a un escriba: “traedme  una bolsa llena de monedas de oro”, y a los pocos instantes el escriba volvió cargando una bolsa hecha de piel de camello, repleta de monedas de oro y la puso a los pies del rey.
Acto seguido, Salomón ordenó que soltaran al hombre y lo pusieran parado junto a la mujer.
El rey le dijo a la mujer: “ahora voy a saber si realmente este hombre manchó tu reputación, o si fuiste tú misma quien permitió eso”. Señalando la bolsa llena de monedas de oro, le dijo: ”En esta bolsa hay un tesoro. Toma la bolsa y márchate”.  La mujer no podía creerlo... el monarca le estaba regalando una fortuna que la alimentaría para toda la vida.
Cuando la mujer apenas había tomado la bolsa, el rey le dijo al hombre: “Tú, ve a quitarle la bolsa a la mujer, y si logras quitársela, el tesoro será tuyo”. El hombre no se hizo esperar y se lanzó sobre la mujer para quitarle la bolsa.
Se armó una lucha sin cuartel. Mujer y hombre rodaron por el suelo. El hombre había caído encima de la mujer y luchaba furiosamente  por quitarle la bolsa llena de oro mientras la mujer abajo se defendía desesperada como una pantera herida, agarrando la bolsa con todas sus fuerzas y pateando al hombre como una loca para que no le quitara su tesoro.
La batalla se prolongó por varios minutos que parecían interminables por el forcejeo intenso, pero después de un rato, Salomón ordenó a sus guardias separar a la pareja. La mujer permanecía en el suelo aferrada a su tesoro, y no permitía que ni siquiera los guardias le quitaran la bolsa.
En ese momento el monarca se levantó y le dijo con voz solemne:
“Cuando una mujer no quiere perder su reputación, la defiende de la misma forma que tú has defendido ese tesoro, porque la reputación es el tesoro más grande que pueda tener una mujer. Si tú NO hubieras querido perderla, todavía la tendrías intacta como esa bolsa que llevas aferrada en tus manos”.

Consideraciones

·      Veamos: resulta que como David se encapricha de la mujer de una de sus generales, envía a éste al frente para que lo maten las tropas enemigas y así tener vía libre para poder acostarse y, posteriormente, casarse con Betsabé; la reacción de Yahvé es, cuando menos, curiosa: decreta que el primogénito deberá morir para pagar el pecado del padre. ¿Por qué semejante decisión? ¿No estamos asistiendo precisamente a una de esas condenas que, en la antigüedad, se extendían a las generaciones posteriores del pecador, y que delimitan, entre cosas, la naturaleza cuando menos vengativa y con muy mala baba de un dios del que siempre se ha dicho que era el Dios de los Ejércitos? Y si es así, ¿por qué se detiene en el primogénito? ¿Por qué no se extiende, como en otros casos, a toda la familia del rey David? ¿No hubiera sido más coherente y más contundente para cualquier divinidad fulminar con un rayo al monarca y asunto arreglado?
·   Cuando Salomón se corona rey, efectúa una purga en el gobierno: se quita del medio sin contemplaciones a su hermano Adonías, al sacerdote Abiatar, y al parecer, en general a todos aquellos que no comulgasen con su credo para poner en su lugar a los suyos. No parece precisamente la actitud de un rey benévolo o justo, sino más bien la de un déspota que busca afianzar su poder lo más rápido posible para poder dedicarse con posterioridad a otras tareas, como fueron la adquisición continua de mujeres para su harén, el desarrollo de un comercio que elevó al reino a unas cumbres insólitas para la época, la construcción de obras faraónicas con una riqueza exagerada, e incluso incurrir en la idolatría de la que abominaba la religión hebrea, y de la que se supone que él era garante, ya que con el tiempo comenzó a adorar a dioses fenicios, babilonios y de otras culturas vecinas…
·      Hay algo que no consigo entender: si el nombre del rey es Salomón, ¿por qué en el Tanaj se le llama Jedidías? Al fin y al cabo, el nombre Salomón viene a significar “paz”, “seguridad”, lo que puede ser indicativo de que se tratara de una especie de apelativo que quedó para la posteridad como su nombre, aunque en realidad no se llamara así. Podríamos estar ante algo así como “Jedidías el Salomón”…
·  Analicemos por un momento el archiconocido Juicio de Salomón: las dos mujeres que pretenden al niño. ¿Realmente es indicativo de la sabiduría de Salomón, o no es más que una cuestión de sentido común y un tanto de suerte?
Veamos la cuestión fríamente: el hecho de que una de las mujeres no quisiera que hicieran daño al niño no es necesariamente indicativo de que sea su verdadera madre: como todos sabemos, de todo hay en la viña del señor, y madres desnaturalizadas han existido en todas las épocas; así pues, esto sólo nos está indicando que una de ellas realmente deseaba que no se hiciera daño al niño, ni siquiera tenemos la certeza de que realmente lo quisiera ninguna de ellas.
Por otra parte, tenemos otras dos posibilidades:
·      Si las dos hubieran clamado a la vez para que al niño no se le hiciera daño, ¿cómo hubiera actuado el monarca?
·      Si ninguna de ellas hubiera dicho nada, ¿se habría hecho cargo Salomón del niño? ¿A quién se lo habría entregado? ¿O hubiera llegado al extremo de realmente partirlo por la mitad?
En el fondo parece que nos encontremos ante una mera historia moralista para reflejar la sabiduría y la justicia del rey, aportando una solución simple y familiar a una cuestión que podría dar muchos más quebraderos de cabeza de los que parece a simple vista.
·   Es curioso comprobar cómo la Reina de Saba posee unos atributos semejantes a los de Salomón. Al parecer era una hermosa mujer dotada de una inteligencia y diplomacia excepcionales, cuyas leyes a favor de los derechos de la mujer, y, sobre todo, su juramento de perpetua virginidad (¿No se supone que los juramentos hay que cumplirlos?), parecieron marcar un destino cuyo rumbo quedó alterado tras su encuentro con el amor y el placer encarnados en el rey Salomón. Los árabes la conocen como Bilquis, los griegos como Minerva Negra, y para los etíopes es Makeda. Las investigaciones realizadas parecen apuntar que el dichoso reino de Saba se encontraría en Etiopía, aunque hay teorías que lo sitúan en Arabia… Cierto es que, según la tradición narrada en el Kebra Nagast, su hijo Menelik acudió a Jerusalén a visitar a su padre y robó el Arca de la Alianza, llevándoselo a Etiopía, donde actualmente estaría custodiado en la Catedral de Tsyon Maryam, en Axum, en una comunidad de cristianos ortodoxos que llevan viviendo en aquellos lugares desde los tiempos más antiguos.
·      Las referencias que usamos para hablar de Salomón se encuentran básicamente en el Antiguo Testamento, el Corán, la Toráh y el Kebra Nagast; sin embargo, no existe duda alguna de que estas obras se escribieron siglos después de que muriera Salomón, lo que hace que debamos plantearnos la distorsión que la figura del monarca ha debido ir sufriendo a lo largo del tiempo. Ya de por sí el hecho de que aparezca en todas ellas tan engrandecido es indicativo de que posiblemente consiguió llevar a su reino a una etapa de gran esplendor, pero… Pensemos por ejemplo en el tema de la construcción, el comercio y los impuestos: si creó tan colosales y magníficas obras arquitectónicas que supusieron un enorme desembolso monetario, ese dinero tuvo que salir de las arcas reales; pero para poder salir, primero tendría que haber entrado, y sólo se me ocurren dos maneras: duros impuestos al pueblo, que debido a ello no podría vivir demasiado bien, y duros impuestos al comercio, que tampoco permitirían que los comerciantes tuvieran una vida muy boyante. ¿A qué nos lleva esta situación? A que, probablemente, Salomón fuera visto por sus conciudadanos como un déspota que los abrasaba de forma inmisericorde con tal de vivir él a un nivel que casi rivalizaría con los dioses. ¿Por qué fue engrandecido posteriormente? Tal vez la explicación estribe en que el propio rey se dedicó a esparcir apologías de sí mismo, que con el paso del tiempo se mantendrían como hechos verídicos sin que quedara nadie para refutarlos.
·   ¿700 reinas y 300 concubinas? Pero, ¿de dónde sacaba tiempo este buen hombre para complacer tan sólo a una pequeña parte de toda esta familia? Me resulta muy difícil creer que pudiera tener semejante harén, por no decir imposible.
·      Pasemos un momento por el asunto del Sello de Salomón. ¿Qué era? ¿Un anillo, como afirman algunas tradiciones? ¿O se trataba, como sospechan algunos investigadores y a cuya idea me adscribo, más bien de lo que se conoce en los círculos budistas e hinduistas como un mandala?
Para meditar acerca de este detalle hemos de pensar en términos mágicos, y darnos cuenta de algunas cuestiones de interés que se suscitan: en los tratados de magia, de forma habitual, se considera el pentáculo como un amuleto protector, como un diseño que plasmado en el lugar adecuado evitaría que los espíritus malignos y demonios pudieran acosar al practicante de los rituales; de esta manera, es muy habitual ver cómo el mago lo primero que hace es trazar el diseño en el suelo, rodeándolo, para protegerse.
En cuanto a la Mesa de Salomón, ¿qué era? ¿Una mesa, una tabla, un espejo? ¿O tal vez un concepto más abstracto? Cierto es que los investigadores la han buscado por todas partes, igual que el Arca de la Alianza, siendo uno de los lugares con más posibilidades de ubicarla Jaen.
Todo esto redunda en la idea de Salomón como gran mago: ¿realmente fue capaz, como afirma el Corán, de aprisionar a casi todos los demonios y ponerlos a su servicio? Pensemos que este tipo de historias son muy propias del mundo árabe, lo que fácilmente nos puede llevar a pensar que posiblemente el monarca fuese, como Felipe II, alguien interesado en los temas esotéricos, detalle que haría que los árabes y los hebreos lo reinterpretaran como un gran mago con portentosas habilidades de las que, en realidad, carecería. Conocer algo como el Shem Shemaforash, la palabra oculta de Dios que da origen a la creación y, por ende, a la renovación o destrucción, resulta demasiado tentador incluso para alguien tan sabio y tan “justo” como Salomón: no es factible que Yahvéh permitiera que ningún mortal la conociera con el riesgo que conllevaría para toda la creación, para todo el universo…
·   Debido a estos y otros muchos detalles, se ha llegado a poner en tela de juicio la propia existencia del monarca o, por lo menos, de un reinado tan excelso y rico como se pretende. Incluso hay investigadores que encuentran incongruencias cronológicas entre la historia y la Biblia y efectúan revisiones, llegando al punto de retrasar la ubicación de Salomón nada menos que a la época de Ramses II.
Se han hecho estudios comparativos al respecto con otras culturas, y la conclusión podría ser la siguiente: sería de esperar que una presencia tan importante como la de este rey y su reino hubieran dejado rastros escritos en forma de documentos de todo tipo, señalando la gloria de Salomón, o que más tarde sus descendientes lo hubieran glosado para darle honores, pero el hecho es que todavía no se ha encontrado ningún artículo de cualquier clase que lleve su nombre. ¿Por qué esta omisión? Una posible explicación sería la que vamos a exponer a continuación.
Las ciudades de Hazor, Meguido y Gezer, que se supone fueron edificadas por Salomón, han sido excavadas extensamente hoy en día. Se encontró en cada una de estas ciudades un estrato que contenía grandes palacios, templos y fortificaciones. No se ha hallado el nombre de Salomón, pero en cambio sí se ha encontrado el cartucho del faraón de la XVIII Dinastía, Amenhotep III, que reinó unos trescientos años antes que el monarca hebreo. En Jerusalén no ha sido posible excavar en el monte del templo, sin embargo, las extensas excavaciones realizadas en la ciudad, incluso en las áreas adyacentes al monte del templo, no han revelado la existencia de ningún palacio salomónico. Es más, la excavación del Millo ha revelado (según la alfarería encontrada en él) que su construcción original también fue contemporánea del reinado de Amenhotep III de la XVIII Dinastía egipcia.
Amenhotep III, conocido en tiempos antiguos como el “Rey de Reyes” y “Señor de Señores,” fue un faraón de la XVIII Dinastía de Egipto. Al igual que Salomón, heredó un inmenso imperio cuya influencia se extendía literalmente desde el Nilo al Éufrates. En contraste con el imperio de Salomón, el imperio de Amenhotep es indiscutible: los edificios, monumentos, documentos, artículos, y otros numerosos vestigios de su reinado están perfectamente contrastados.
El reinado completo de Amenhotep III fue consagrado a la construcción de monumentos a lo largo de Egipto, Canaán y Siria. Aparte del templo más glorioso de la antigüedad en Luxor, construyó otros muchos templos de diseño similar a lo largo de Egipto y en el resto de su imperio, incluso en las ciudades fortificadas cananeas de Hazor, Meguido, Gezer, Laquis y Bet-seán.
Según los registros egipcios, el padre de Amenhotep, Thutmosis IV, y su abuelo Amenhotep II deportaron a unos 80.000 cananeos. Los habitantes cananeos de Gezer fueron específicamente incluidos en esta deportación. Fue durante el reinado de Amenhotep III cuando Gezer y otras ciudades principales de Palestina fueron fortificadas como las guarniciones reales egipcias, y se las dotó de refinados templos y palacios. Casualmente, la Biblia dice que durante los días de Salomón, el faraón de Egipto capturó la ciudad cananea de Gezer y se la regaló a su hija como dote de su matrimonio con Salomón (1 Reyes 9:16-17).
Era una costumbre obligatoria para los futuros faraones casarse con “la hija del faraón” para asegurarse el trono. Esto es precisamente lo que Amenhotep III hizo cuando se casó con Sitamon (también casualmente esposa de Salomón), la hija de su padre, el faraón Thutmosis IV.
La red de ciudades fortificadas de la XVIII Dinastía egipcia también incluía a Jerusalén. Si las construcciones de Amenhotep III en Gezer, Hazor, Meguido y otras guarniciones son alguna muestra, entonces Amenhotep indudablemente edificó un magnífico templo en el venerado Monte del Templo de Jerusalén. La estructura adyacente al Monte del Templo de Jerusalén, conocida tradicionalmente como los “establos de Salomón,” es consistente con la arquitectura de las ciudades fortificadas de Amenhotep. La arqueología también ha confirmado que durante su reinado se guardaron carros en estas ciudades en grupos de entre treinta a ciento cincuenta cada uno.
Las antiguas minas de Timna, en el desierto del Neguev, conocidas como las “minas de Salomón”, son anteriores al monarca hebreo en unos trescientos años (según la cronología convencional), datándolas una vez más en los tiempos de Amenhotep III. Cobre de Timna, oro del Sudán, otros metales preciosos, joyas y piedra de alta calidad fueron utilizados en gran abundancia en los templos de Amenhotep, así como en los de Salomón. Una estela del templo funerario de Amenhotep alardea de que el templo fue “embellecido por todas partes con oro, su suelo brilla como la plata... con estatuas reales de granito, de cuarcita y de piedras preciosas”. La cantidad de materiales empleados en otro templo construido por Amenhotep es también asombrosa: “3,25 toneladas de electro (una aleación de plata y oro), 2,5 toneladas de oro, 924 toneladas de cobre...”
Se dice que la satisfacción más grande del Salomón bíblico fue el reto de completar sus grandes proyectos (Eclesiastés 2:4-11). Lo mismo se dijo de Amenhotep III. En un texto egipcio real del periodo se lee, “He aquí que el corazón de su Majestad estaba satisfecho con la construcción de monumentos muy grandes, como los cuales nunca se habían hecho realidad desde las primeras edades de las Dos Tierras”. Sólo un rey enormemente rico de un imperio bastante estable podría construir tan espléndidamente y en muchos sitios tan distribuidos en la antigüedad. Amenhotep III fue indiscutiblemente el rey más rico de la antigüedad. La realización de tales magníficos proyectos requirió el mantenimiento de una considerable y constante fuente de trabajo y de ingresos que se extendía a lo largo de un periodo de muchas décadas.
La administración y el sistema de impuestos de Amenhotep con sus 12 distritos es idéntico al de Salomón que se describe en la Biblia (1 Reyes 4:2-7,27; 5:13; 9:23). Amenhotep también se dedicó a redescubrir la sabiduría, los misterios y las tradiciones de las dinastías egipcias anteriores. Se ha establecido una fuerte relación entre los “Proverbios de Salomón” de la Biblia y las “Máximas de Amenhotep III” encontradas en Egipto.
Además de los proyectos ya mencionados, Amenhotep construyó también un palacio completamente nuevo en Tebas. La nueva residencia real incluía todos los elementos contenidos en el palacio de Salomón que se describe en la Biblia (1 Reyes 7:2-12), a saber:
1.                una casa fabricada casi completamente de cedros del Líbano (construida para la fiesta del Jubileo de Amenhotep);
2.                una sala de columnas con una terraza en la fachada y rodeado por un patio de columnas;
3.                un salón del trono construido con muchas columnas de madera y cuyo suelo era la escena de un lago pintado (idéntico al que cruzó maravillada la reina de Saba cuando se acercó al trono de Salomón, como se describe en el Corán);
4.                un palacio separado construido para Sitamon, “la hija del faraón”;
5.                un palacio real (consistente en su propia residencia, la residencia de su Gran Esposa, Tiye, y una residencia para el harén real).
Amenhotep, como Salomón, fue incansable en la persecución de mujeres para su harén, especialmente de mujeres extranjeras y hermosas tanto de origen regio como humilde. El harén de Amenhotep incluía a dos princesas de Babilonia, dos princesas de Siria, dos princesas de Mitani, y como el harén de Salomón, incluía a una princesa de cada una de las siete naciones enumeradas en 1 Reyes 11:1. Como el rey más poderoso de Oriente Medio, Amenhotep no envió a cambio a ninguna de sus propias hijas a otros reyes, ni lo hizo ningún otro faraón de esta dinastía (ni probablemente ningún otro en toda la historia de Egipto). Denegó específicamente una petición del rey de Babilonia para una esposa egipcia. De forma pretenciosa, la Biblia da énfasis a la pretendiente egipcia de Salomón, pero no menciona que Salomón tuviera alguna esposa hebrea. Roboam, del que se dice haber sucedido a Salomón, fue el hijo de una princesa amonita.
La corte de Amenhotep III era extremadamente liberal, y reflejaba cada posible exceso de un reinado poderoso y seguro. El erotismo en el arte y en la vida de la corte alcanzó su plenitud durante el reinado de Amenhotep. La famosa pintura mural de las “bailarinas desnudas” data del reinado de Amenhotep. Al igual que Salomón, Amenhotep “no negó a sus ojos ninguna cosa que desearan” y “apartó su corazón de cualquier placer” (Eclesiastés 2:10). Sin embargo, los últimos años de los treinta y ocho del reinado de Amenhotep no fueron agradables (Recordemos que Salomón reinó cuarenta). Los largos años de indulgencia habían pasado factura y tuvo muchas dolencias. Como gesto compasivo, su cuñado mitani le envió un ídolo de la diosa Ishtar (es decir, Astoret)(1 Reyes 11:5).
Al menos aparentemente, la única conclusión posible es que la historia de Salomón fue tomada después y específicamente de la vida de Amenhotep III. El mismo nombre de Salomón, que literalmente significa “paz” o “seguridad”, apunta a Amenhotep III, cuyo largo y próspero reinado en el siglo XIV a. C. no incluyó ninguna gran campaña militar, pero se caracterizó por una estabilidad sin precedentes a lo largo del Cercano Oriente. Después de la XVIII Dinastía egipcia, la región entre los dos grandes ríos no fue controlada de nuevo por ningún poder individual hasta el imperio asirio de Asurbanipal (el nieto de Senaquerib), el cual invadió Egipto y saqueó Tebas en el siglo VII a. C., y el imperio de Ciro en el siglo VI a. C., el cual conquistó también Egipto y lo convirtió en una provincia persa. No hay ningún indicio de ningún imperio de estos tiempos que controlara esta región y cuya capital fuese Jerusalén.
Se dice que Salomón tuvo “mil cuatrocientos” carros (1 Reyes 1:26). Esto representa un ejército prodigioso según los cánones antiguos, el cual sólo pudo haber sido reunido en un largo periodo de tiempo por una civilización estable. A pesar de eso, se nos dice que sólo cinco años después de la muerte del gran rey Salomón, el faraón egipcio Shishak y sus aliados invadieron Judá y capturaron sus ciudades fortificadas con poca o ninguna resistencia militar (2 Crón. 12). La Biblia añade que la misma Jerusalén fue perdonada sólo después de entregar a Sisak la totalidad de las riquezas acumuladas por el rey Salomón.
La rapidez con la que se estableció el imperio de Salomón, como se describe en la Biblia, y la facilidad con la que fue sometido después al poder extranjero en un corto plazo de tiempo, tampoco es consistente con el modelo observado en otras grandes civilizaciones antiguas.
·      Una de las leyendas más conocidas sobre el rey Salomón es la existencia de sus míticas minas, de las que no se sabe ni de qué eran (se habla de oro, piedras preciosas, plata…) ni dónde se ubicaban (básicamente África, aunque también se han puesto los ojos en la península árabe), ni siquiera si existieron. Ahora, un equipo internacional de arqueólogos ha desvelado que esas minas efectivamente tuvieron carta de realidad, pero fueron de cobre.
Esto es lo que se deduce del trabajo dirigido por Thomas Levy, de la Universidad de California (EEUU) y por su colega Mohammad Najjar, de Amigos de la Arqueología en Jordania.
Su equipo ha encontrado en Khirbat en-Nahas, en el distrito jordano de Faynan, claros indicios de que hace unos 3.000 años allí existieron unas importantes minas y una industria de fundición del cobre. Por la fecha de sus dataciones, bien pudieran ser las que sirvieron al Rey Salomón como suministro de un metal que servía tanto para fabricar tanto armas como herramientas.
El lugar ya había sido excavado en los años 30 del siglo pasado por el norteamericano Nelson Glueck, quien ya aseguró que en Faynan estaban las minas del rey Salomón, pero luego se desdijo y las excavaciones en la zona no se retomaron hasta 2002.
Ha sido a partir de entonces cuando, en un área de 10 hectáreas, han aparecido más de seis metros de profundidad de escoria y ruinas de las antiguas minas.
Los hallazgos más recientes, en la campaña de 2006, han sido un escarabajo y un amuleto egipcio que, junto con las últimas dataciones con radiocarbono, sitúan la época de esplendor de Khirbat en-Nahas en el siglo X a. de C., lo que confirmaría el relato bíblico sobre los reyes David y Salomón.
Es decir, las minas funcionaron tres siglos antes de lo que se creía hasta ahora. Los autores del trabajo, según explican esta semana en la revista Proceedings of National Academy of Science (PNAS), documentan un pico de actividad en las minas en el siglo IX a. de C., y ello da también la razón a la historia sobre el reinado de los edomitas, una nación hermana de los israelitas que, según la Biblia, alcanzó un gran poder al sur del Mar Muerto, justo donde hoy está el distrito de Faynan.
En concreto, han encontrado un centenar de edificios y una fortaleza en medio de una gran extensión cubierta de escoria negra, visible incluso en Google Earth. Los seis metros de profundidad en toda esa basura son un sorprendente bastón de medida de los cambios sociales y tecnológicos que se sucedieron a lo largo de la Edad de Hierro, hace entre 3.200 y 2.500 años.
Los análisis del radiocarbono de las maderas y las semillas encontradas en el lugar, analizadas en Oxford por Thomas Higham, confirmaron que en las minas se trabajaba en la época de los antiguos reinos de Israel y Edom.
Pistas importantes han sido, por ejemplo, los dos objetos egipcios hallados en el yacimiento. ¿Qué hacían allí un escarabajo y un amuleto con la cabeza de un león? El equipo de Levy los encontró justo en una capa que se correspondería con la época en la que el faraón Shishak hizo una gran campaña militar en la región, una vez que Salomón había fallecido, con la que intentaba acabar con su próspera actividad económica.
“Para llegar a estas conclusiones hemos utilizado las herramientas más modernas. Por ejemplo, hemos realizado una reconstrucción digital del lugar en tres dimensiones y hemos utilizado un sistema de información geográfica (GIS) que elimina cualquier error humano. Esta investigación representa la confluencia entre los datos arqueológicos y científicos y lo que cuenta la Biblia, todo con métodos objetivos, que permiten evaluar los resultados de forma desapasionada”, hace hincapié Thomas Levy.
Esta afirmación tiene sus motivos, dado que la arqueología religiosa siempre ha estado plagada de controversias y debates. De momento, Levy sigue trabajando en Jordania, pero ahora con una sociedad de conservación de la naturaleza para que se preserve el entorno de Khirbart en-Nahas y con el objetivo de que un día sea declarado Patrimonio de la Humanidad.

Bibliografía

  • Corán
  • Antiguo Testamento.
  • Kebra Nagast.
  • Los Pecados de la Biblia, Mariano F. Urresti. 2011.
  • El Rey Salomón, Nicolás Roerich.

  • Las Minas del Rey Salomón, Henry Rider Haggard. 1885.


Filmografía

·      El Rey Salomón, La Rosa de los Vientos (Onda Cero). Documental.
·      La Mesa del Rey Salomón, RAI. 2010. Documental.

·      Las Minas del Rey Salomón, Andrew Marton (Stewart Granger, Deborah Kerr). 1950.
·      Salomón y la Reina de Saba, King Vidor (Yul Brynner, Gina Lollobrigida). 1959.
·      Las Minas del Rey Salomón, J. Lee Thompson (Richard Chamberlain, Sharon Stone). 1985.
·      Solomon, Roger Young (Ben Cross, Vivica A. Fox). 1997.
·      Las Minas del Rey Salomón, Steve Boyum (Patrick Swayze). 2004.
·      El Mapa del Rey Salomón, Jonathan Frakes (Noah Wyle, Gabrielle Anwar). 2006.



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