lunes, 17 de noviembre de 2014

LA MOMIA




 LA MOMIA

Jose Francisco Sastre García

Qué, ¿alguien tiene mono de Indiana Jones y le apetece ver otra? Pues, francamente, lo mejor que pueden hacer es ir a ver “The Mummy”, “La Momia”.
Confieso que me sentí intrigado por esta película desde que comencé a ver los reportajes en la televisión y a leer y escuchar las diferentes críticas que sobre ella se hacían, así que al final me he armado de valor y he ido a verla: personalmente, no me he sentido defraudado; es más, ha sido exactamente lo que me esperaba, ni más ni menos.
Hablemos un poco de los prolegómenos: la idea no es nueva, surge tanto de los clásicos del cine como de la literatura: el planteamiento base del argumento recuerda notablemente a “La Momia” más celebrada, la de Boris Karloff, además de a historias como “El Anillo de Thoth”, de Sir Arthur Conan Doyle. Y, con todo, no es una película de terror, no utiliza a tan siniestro personaje como elemento de simple terror, de oscuridad y vendas, como parece ser el caso de “La Sombra del Faraón”, sino como punto de partida de una alocada aventura al más puro estilo clásico. Al margen de esto, resulta chocante comprobar como una figura que, en principio no tiene origen en libro alguno ni en las tradiciones, ha conseguido hacerse un hueco tan importante en el género del terror: si debemos buscar en algún sitio el punto de comienzo de tan particular saga, es en la tumba de Tutankhamon: aquí es donde reside el meollo de la cuestión, en el descubrimiento de dicha tumba por Howard Carter y lord Carnarvon y los sucesos que siguieron a tan trascendental hecho. A partir de la muerte de numerosas personas que estuvieron en contacto con la tumba y su contenido, entre ellas el propio lord Carnarvon, comenzó a gestarse la leyenda de la maldición de la momia, mito que iría cobrando forma hasta la forma actual, aunque en él quedan muchos puntos oscuros que nunca se han aclarado lo suficiente: ¿por qué Carter no sucumbió a la maldición?
Las últimas investigaciones al respecto, desempeñadas sobre todo por personas ajenas a la Ciencia Oficial, hablan de teorías tan dispares como hongos venenosos, venenos artificiales, radiaciones conocidas o desconocidas... En cualquier caso, la explicación parece ser más natural que la de pensar que un tipo que lleva muerto tres mil años y envuelto en roñosas vendas se levante de su sarcófago para dedicarse a matar, como por telepatía, a todos aquellos que entraron en la tumba y tocaron algo.
De otra parte, hablemos un poco del gran villano, Imhotep, del que, desgraciadamente, me fastidia el tratamiento que se ha hecho: es en verdad un personaje histórico, el arquitecto que dirigió la construcción de la pirámide escalonada de Zoser (o Djoser, según otras grafías), elevado por sus conciudadanos a un rango similar al de un semidiós, considerado en algunos casos como hijo del dios Thoth... ¿Y por qué semejante trato? Porque, al parecer, fue un hombre sencillamente excepcional, un genio entre genios: arquitecto, ingeniero, médico, sacerdote... Según las leyendas y los datos llegados hasta nosotros, parecía poseer un vasto conocimiento acerca de multitud de temas, lo que a los ojos de una cultura como la egipcia le elevaba, si no al rango de un dios, sí muy cerca. Las tradiciones acerca de su muerte dicen que fue enterrado con una gran cantidad de ibis, el ave sagrada de Thoth, el dios de la sabiduría y de las ciencias del antiguo Egipto; esto puede llegar a hacer pensar que su tumba ha sido ya descubierta, pues no hace demasiado tiempo apareció una repleta de cadáveres momificados de estas zancudas; sin embargo, sus restos mortales no fueron encontrados, tal vez porque los saquearon los ladrones de tumbas, tal vez porque nunca estuvieron allí. ¿Quién sabe? En cualquier caso, la figura histórica de Imhotep no aparece demonizada, no aparece como símbolo del mal y la enfermedad, tal y como lo ponen en la película. Pero bueno, la licencia artística es así...
Hablemos de la película: sin poder decir que tiene una calidad impresionante y que todo es maravilloso y formidable, sí se pueden afirmar varias cosas: es entretenida, se deja ver muy bien, y las casi dos horas que dura no se hacen demasiado eternas.
Los personajes no están demasiado depurados, aunque en su descargo hay que decir que los protagonistas vienen a ser el eterno Indiana Jones y su inseparable acompañante femenina; y el malvado Imhotep, a mi juicio, tiene un cierto caché que le hace subir muchos enteros, logrando una caracterización verdaderamente enigmática y antigua. Los comparsas de turno, más de los habituales, no desmerecen y permiten que el tono y el ritmo sean un poco más ligeros, evitando caer en la pesadez y el aburrimiento: de hecho, todo el film está rodado bajo un cierto matiz socarrón, cínico, irónico, mostrando a un héroe que va por lana y sale trasquilado no una, sino varias veces, y a una heroína que no sabe lo que quiere hasta el final, todo ello aderezado por una encadenación de sucesos más o menos verosímiles, más o menos inverosímiles, en los que el buen humor no deja de aparecer de cuando en cuando. La parte menos lograda es la de los rivales del héroe, absolutamente planos y sin rigor alguno; en este sentido, quizás cabría hablar también de una cierta irrisión, pues son americanos que no tienen ni idea de a qué se enfrentan y terminan sucumbiendo uno tras otro, y el que tiene que sacar las castañas del fuego es un tipo de apellido irlandés (aún siendo, también, americano), con más armamento que la VII Flota.
En cuanto a los efectos especiales, creo que no hará falta más que dar unos nombres: Light & Magic, de George Lucas. ¿Alguien necesita más garantía? Lo anodino brilla por su ausencia, y la espectacularidad no te deja reposar tranquilamente en la butaca: tormentas sobrenaturales de arena en medio del desierto que adquieren el rostro de Imhotep, las bíblicas plagas de Egipto recreadas con un toque catastrofista muy logrado, luchas con momias... Verdaderamente, mi fe en la informática crece día a día al ver lo que un grupo de especialistas es capaz de hacer con un trasto de esos, consiguiendo que un actor que en realidad está luchando con el aire aparezca en la película dándose de tortas con un grupo de momias, recreando las chispas del acero y los pedazos de carne despedidos por el impacto de las balas de una manera verdaderamente genial.
La fotografía es bastante buena, con los paisajes desérticos, las ruinas de la Ciudad de los Muertos, las callejuelas de El Cairo... Pero no hace falta más: con la monumentalidad de los efectos especiales anteriormente citados se tapan los defectos que seguramente más de un purista pueda sacar.
En cuanto al argumento en sí, como ya he dicho al principio, no es una película de terror aunque en un principio pueda parecerlo: es un film de aventuras, que bebe en las fuentes citadas al comienzo de este artículo y en clásicos de la talla de las películas de Indiana Jones. Evidentemente, debe muchas de sus características a esa trilogía que es “En Busca del Arca Perdida”, “Indiana Jones y el Templo Maldito” e “Indiana Jones y la Última Cruzada”, pero no podemos olvidar otras claras influencias, como es el caso de “La Guerra de las Galaxias” en lo que respecta a los combates a espada, o las películas clásicas de Ciencia-Ficción en las que los insectos amenazan la humanidad en lo que respecta a los escarabajos carnívoros, que, por cierto, suponen un curioso revulsivo para la película: en lugar de ser la representación egipcia de la vida y la inmortalidad, resultan todo lo contrario, dejando en mantillas a las legendarias pirañas.
Tras todo esto, la eterna historia de amor y venganza cruzada con la no menos eterna ambición: alguien que oye las tradiciones sobre antiguos tesoros y decide ir a robarlos, libros misteriosos, la entonación de un conjuro a destiempo, grupos secretos, la resurrección del mal, y su postrer destrucción; y, al final, la típica catarsis, todos contentos y felices porque el malo ha sido derrotado, aunque han tenido que salir por piernas y se han quedado sin tesoros.
El último guiño es muy bueno, haciendo creer a todo el mundo que la historia continúa. Y, de hecho, tal y como está montada la historia, no me sorprendería lo más mínimo que en un futuro nos encontráramos con “La Momia. El Regreso”, o algo por el estilo.
En resumen, una película agradable, tratado con buen humor, digna de verse y, a mi juicio, candidata a entrar a formar parte de los clásicos del cine de aventuras, con las condiciones suficientes como para crear saga: casi sería capaz de apostar con cualquiera a que, con Imhotep o sin él, el héroe, la heroína y su “compañero” (o los que para la ocasión surjan) volverán a la carga con nuevas aventuras en otros puntos del planeta. Sinceramente, aquí veo un buen filón.

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