lunes, 17 de noviembre de 2014

EL DESCUBRIMIENTO



              
THE NEW LHORK HERALD TRIBUNE

     EXTRA: LA VERDADERA HISTORIA DEL DESCUBRIMIENTO


Más Erre.- ¡Sorpresa! Heme aquí de nuevo, esforzado escritor, pluma de brillante intelecto, para salvar a la Humanidad del peligro que sobre ella se abate, del contubernio judeo... Perdón, creo que me han cambiado el guión. Seguro que ha sido un canallesco sabotaje de esos pérfidos supervillanos a los que denuncio continuamente, empeñados en que yo, salva­dor del mundo, no consiga lanzar al aire mi mensaje de alarma. El Círculo de Lhork, esa pandilla de gángsters, siguen intentando dominar el planeta, pero para ello tendrán que pasar por encima de mi cadáver.
Ahora, tras una exhaus­tiva investigación en pro­fundidad (6.231 m. bajo el nivel del mar para ser exactos) y largas horas y sesiones de LhorkRioja, me complazco en presentarles una nueva serie de artículos en los que desvelo los ocultos entresijos de los eventos más cruciales de la Historia de la Humanidad, aquellos en los que los sibilinos miembros del Círculo introdujeron su deleznable zarpa con el objetivo de alzarse con el poder. Y, en primer lugar, empezaremos por el auténtico descubrimiento de América.
El viento hinchaba las velas, silbaba entre las jarcias una melodía rumbera (Creo que se trataba del "Macarena", aunque no podría asegurarlo)... Cristóbal Colhork, preocupado, oteaba ansiosamente el horizonte en busca de la Tierra Prometi­da, pues tal era el objetivo que le había fijado el Círculo, jurándole y perju­rándole en el nombre del Sagrado Lhork e invocando el legendario Cetro de Trados, que los mapas que le habían prestado, a un pequeño interés del 27,5%, le lleva­rían hasta una tierra al Occidente que podría recla­mar para sí mismo. Unos la llamaban Atlántida, otros Avalon... El la llamaría Colhorkia... si es que alguna vez la encontraba, claro está.
-¡Lhorkdrigo!  ¿Es que no ves nada?- Gritó mirando hacia la cofa.
Era inútil: el vigia, Lhorkdrigo de Triana, era miope galopante y apenas podía ver un burro a tres pasos, por lo que tenía que recurrir a su mascota, un inteligente halcón capaz hasta de hacer calceta.
-¡No, mi ca... ca...- Encima tartaja: lo que nos faltaba.
Exasperado, Colhork se metió en su camarote, arro­jándose al catre y llorando amargamente por el dinero que le habían estafado los del Círculo con aquellos miserables mapas. Por encima de sus gimoteos, creyó oir la voz de Lhorkdrigo.
-¡Ti... Ti... Ti...
Salió furioso a cubier­ta y dirigió su mirada hacia la cofa.
-¡Lhorkdrigo! ¿Qué pasa? ¡Aquí no hay ningún mono, estúpido! ¡So macaco, el único tití eres tú!
El hombre insistía en su lamentable tartajeo, lo que llevó al capitán a una encendida cólera.
-¡Pero serás bruto!- Bramó.- ¿No sabes que aún no se ha inventado el código Morse? ¡Déjate de monsergas y habla en cristiano!
Vio que el hombre señalaba frenéticamente hacia la proa del barco mientras continuaba con su histérico farfulleo. Al asomarse, Colhork descubrió lo que el vigía indicaba: unos altos acantilados a poco más de 300 metros, y, a su lado, una playa paradi­síaca.
-¡Cegato! ¡So Inútil! ¡Todo a babor!
La crítica situación fue salvada gracias a la desesperada maniobra del piloto automático, que hizo girar al barco sobre sí mismo; sin embargo, las dos naves que venían detrás, llevadas por la inercia, y a pesar del tremendo olor a quemado de las zapatas de los frenos al ser pisados hasta el fondo, le dieron un "pequeño empujón" que lo empotró profundamente en el banco de arena.
-¡Pero serán...! ¡Que vengan los Pinzones y el teniente Pedro Angulhork! ¡Y ya pueden ir preparando los seguros! ¡Menuda abolladura!
Todos juntos bajaron a tierra, Colhork enarbolando orgulloso el estandarte del Círculo (Dragón rampante sobre fondo gris. Una mona­da, oiga). Una vez en la playa, con toda la solemni­dad, pompa y boato que merecía el evento, pronunció su legendario discurso: "¡Queda inugurada esta exposición!". Perdón, esto es de otra película, en realidad soltó el sermón de la montaña acerca de la gloria y la fortuna. Cuando fue a clavar el estandarte en tierra lo hizo con tan mala suerte que se atizó en el juanete. Sus lamentos y saltos fueron presenciados por varios indígenas, que salieron a saludarle pensan­do que se trataba de un chamán bailando la danza de la lluvia.
-Esto... Yo... Saludar vosotros... Reclamar este mundo...- La lengua se le trabucaba al pobre capitán, mientras los nativos se miraban entre sí y contenían una sonrisa.
-Corta el rollo, capi.- Le espetó uno de ellos con un genuino acentorro del Bronx.- Ahora vendrán el resto de la cuadrilla con el jefe.
Y era cierto: unos pocos minutos después, llegó un numeroso grupo de indíge­nas portando en angarillas a un extraño personaje de raza gris perla cubierto con mascarilla, y una enorme pancarta escrita en un  curioso idioma que decía: "SPANISH GO HOME", mientras comían hamburguesas y bebían Coca Cola.
En aquel crítico momen­to, en que los españoles desenvainaron sus espadas dispuestos a declarar la 1/2 Guerra Mundial, de la Santa María saltó un polizón: un extraño tipo todo de negro, al estilo ninja, con la katana enarbolada; era el conocido Venerable Ninja Mululu, activo  personaje dentro del Círculo, inquieto como una dentadura con caries y defensor a ultranza de los derechos patrios sobre suelo extranjero, gritando no sé qué acerca de "derechos históricos", "conquista" y otras cosas. Su enloquecida carrera vino a dar con sus huesos en el suelo, saltandósele unos cuantos piños. A pesar de todo, se levantó raudo farfullando más cosas acerca del heróico deber del Círcu­lo para con la Conquista del Nuevo Mundo.
A causa de su nefasta intervención (Llegó incluso a tirar un huevo al jefe de los nativos, apodado Milkibar entre los suyos porque "es blanco pero muy negro"), toda la expedición fue expulsada de aquella Tierra Prometida, que al parecer era conocida por sus habi­tantes como América, vol­viendo a su casa con el rabo entre las piernas.
Colhork se retiró a su casa de Malhorka, allá por las Baleares, furioso por la desvergüenza de los nativos ante su heróico comporta­miento (Al fin y al cabo, EL los había descubierto, no tenían ningún derecho a echarle), al Venerable Ninja Mululu (Tuvo que ponerse una prótesis que le costó un ojo de la cara, lo cual le condujo directamente al oculista) le fue impuesta una sanción de 10.000 mara­vedíes y la retirada del carnet del Círculo durante una semana por pesado, y comenzó lo que se ha dado en llamar la Conquista del Nuevo Mundo (Ah, ¿pero era nuevo?). Pero ésa es otra historia que contaremos en otra ocasión.

Jose Francisco Sastre García



Nota de la redacción: Es nuestro penoso deber tener que comunicarles que nuestro articulista, el Sr. Sastre, ha vuelto de nuevo a la carga. Huelga decirles que no nos hacemos responsables de ninguno de los disparates vertidos en este artículo, y que pondremos todos nuestros esfuerzos en el empeño de enviar al interfecto de cabeza al psiquiátrico más cercano, cargado de cadenas y esposas.
Nos sorprendió enviando el trabajo por fax desde algún lugar llamado Irem, o algo por el estilo. Tras más de un mes estudiando el extraño idioma en que estaba escrito, probando con más de treinta traductores, conseguimos descifrarlo: estaba en arameo, y nos lo tradujo un sorprendente personaje envuelto en blanca chilaba y turbante, y con una enorme barba que le tapaba la cara hasta los ojos. Su acento, un árabe macarrónico de quién sabe dónde, no nos era del todo descono­cido, aunque en su momento no caímos en ello.
Cuando se despidió, se volvió desde la puerta y con un teatral gesto se quitó la barba postiza, mostrándonos el rostro del hombre más buscado de este país: el Sr. Sastre. Se rió de nosotros, llamándonos pardillos por no haberlo recono­cido, y nos amenazó: "Publicadlo si os atreveis, chacales, u os aplastaré con mis hordas de zuagiros y kozakis". Sacó de entre sus ropas una botella de vino y, bebiéndosela entre risotadas, salió corriendo. A pesar de nuestra premura, no hemos conseguido localizarlo, aunque creemos que se halla camino de ese lugar que citábamos al principio. Ya hemos mandado allí a un par de reporteros con la intención de cazarlo, lo que esperamos ocurra pronto.

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