sábado, 27 de diciembre de 2014

NEURAS Y PARANOIAS



NEURAS, PARANOIAS Y OBSESIONES VARIAS

José Francisco Sastre García

Actualmente vivimos inmersos en una sociedad que nos produce drásticos cambios de comportamiento y actitud: stress, neurosis, paranoias y otros efectos similares. Debido a los factores ambientales en los que nos movemos, como son el entorno laboral, social, familiar, terminamos por caer en las garras de un fenómeno como el stress, el cual, finalmente, nos empuja hacia comportamientos mucho más drásticos, como pueden ser los anteriormente citados.
Sin embargo, no es ésta la única manera de terminar así: ésta es la manera involuntaria, obligada por circunstancias, mientras que la que nos ocupa en este momento es otra: voluntaria, inducida por la aparente falta de raciocinio que demuestran algunas personas.
Entremos en la materia: cuando se trata sobre el tema OVNI, lo que prima es una cierta cerrazón mental, una especie de autocomplacencia que nos impide ver, ya sea voluntaria o involuntariamente, lo que hay a nuestro alrededor e interpretarlo de una forma más coherente y verosímil. Lo hemos visto muchas veces, tanto por parte de los escépticos como de los investigadores. Un caso muy flagrante es el de la ARP, la Alternativa Racional a las Pseudociencias, grupo dedicado a "desenmascarar" toda la arcanología como fraudes, ilusiones y fenómenos naturales perfectamente conocidos, sea como sea.
Y ya que estamos, lo mismo podría decirse acerca de los ríos de tinta que vierten el Area 51 y Groom Lake: tecnología basada en OVNIS estrellados, pactos entre norteamericanos y extraterrestres, distintas razas espaciales visitando nuestro planeta como si no fuese más que una estación de metro interestelar,... Y, como telón de fondo de todo ello, una misteriosa organización, probablemente gubernamental, tratando de enturbiar cualquier investigación ufológica y, en último extremo, eliminando a aquellos investigadores que no se dejan engañar y se acercan demasiado a la realidad del fenómeno.
Vamos, seamos serios y racionales: se pueden admitir algunas de estas cosas, pero no todas; los datos de que se dispone apuntan a que, efectivamente, alguien está encubriendo lo que se oculta tras la parafernalia OVNI, pero nada más. Los investigadores llegan a Groom Lake y, una vez allí, se encuentran con un impenetrable muro de silencio; tras él, misteriosos helicópteros negros sin distintivos, actitudes siniestras, amenazas, e incluso ataques físicos. Todo ello orquestado para que estos investigadores, que han expuesto sus informes en revistas como "Año Cero" y "Enigmas", terminen por detener sus vehículos a prudente distancia de las instalaciones y, armados de potentes teleobjetivos, filmen y fotografíen fenómenos extraños. ¿No se han parado a pensar, ya que tan aficionados son a las teorías conspiranoicas, que lo que se pretende es que vean algo de lejos y que lo divulguen para distorsionar aún más el panorama ufológico actual?
De la misma manera, todos aquellos que proclaman a bombo y platillo que alguien cercano a la Administración o al Ejército, arrepentido del secretismo, les ha contado la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, siguen engañándose a sí mismos: ¿qué le cuesta a una organización tan aparentemente poderosa enviarnos a esos agentes para liar aún más la madeja?
¿Es que no hemos escarmentado todavía con toda la historia de la "autopsia" del extraterrestre de Roswell? Que casualidad que el "bicho" fuera enano y cabezón, ¿no? Sólo le faltaba ser verde para coincidir a la perfección con los "hombrecitos verdes" de Marte. Y además de eso, se añaden todas las contradicciones en las que han incurrido todos los implicados en tan rocambolesca historia, destinada casi con total seguridad a mantenernos en la inopia. Si a eso le añadimos la hipótesis Northrop, con los niños como cobayas de extraños aparatos, y la última y más morrocotuda, anunciar en el telediario del mediodía de TVE1 del día 25 de Junio que lo que se estrelló en Roswell fue simplemente un globo sonda, nos encontraremos ante un cuadro absolutamente aberrante, sin el más mínimo sentido. Y lo peor de todo es que hay algunos investigadores, y voy a evitar nombres porque se les reconoce a la legua, que se dedican a hacerle el juego a esta conspiración de silencio con sus pseudoteorías sobre pactos entre USA y ET, según los cuales los últimos suministran tecnología, mientras los primeros suministran comida... de todo tipo.
La capacidad del género humano para autoengañarse no tiene límites: ¿cómo definir, si no, el hecho de que más de un investigador haya puesto el grito en el cielo con las últimas películas sobre extraterrestres, con la idea fija en la mente de que alguien nos está preparando para el ya famoso contacto? Vamos, por favor, utilicemos la cabeza para algo más que llevar pelo: la industria cinematográfica se rige única y exclusivamente por un parámetro: el dólar. Y si llevamos una larga temporada en la que la ufología y las teorías conspiranoicas están de moda, es lógico y evidente que Hollywood aproveche el filón para reventar taquillas y llenarse los bolsillos. Desde el patrioterismo barato de "Independence Day" hasta la entretenida "Mars Attacks", llegando incluso a las últimas producciones como "Hombres de Negro", todo consiste en conseguir que el espectador se distraiga y deje los cuartos a la entrada del cine. Y que alguien pretenda convertir esto en un oscuro complot...
Lo último en obsesiones ha sido ya el colmo: en ufología se habla ya de la relación entre OVNIS y la oleada de terremotos en Galicia, de aparatos estrellados, de bases subterráneas… ¿Pero hay algo que permita hablar de todo esto con una mínima base lógica?
En fin, la conclusión es obvia: hay quien se deja llevar por sus neurosis y sus paranoias, cayendo en el mismo error que otros que le precedieron, y llegando a la misma manía obsesiva: pensemos, por ejemplo, en Erich Von Danikën, en la correcta forma en que comenzó sus investigaciones y el extremo al que llegó, según el cual hay un marciano debajo de cada piedra en este planeta. Y esa, desde luego, es la mejor manera de no llegar a ninguna parte.

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