sábado, 27 de diciembre de 2014

A LAS PUERTAS



               THE NEW LHORK HERALD TRIBUNE

                                           A LAS PUERTAS DEL SIGLO XXI


Perdí la cuenta de las Erres- Andábame yo, esforza­do y sufrido reportero, campeón de las artes pe­riodísticas, a la caza y captura de noticias relacio­nadas con la Conspiración de Lhork por los Madriles, cuando, ¡oh, sorpresa!, descubrí una masa enfervore­cida e histeroide a las puertas de un conocido centro. Oía gritos, sollo­zos, y, acercándome, grandes lamentos que me tuvieron intrigado.
Por un momento pensé que debía ser alguien del Círculo, que estaba repar­tiendo gratuitamente los fanzines, oportunidad que no podía dejar pasar bajo ningún concepto; seguía creyéndolo a medida que reducía las distancias, mientras veía la masa de chicas y mujeres que se arracimaban de forma casi violenta a las puertas del centro, amenazando con tirar las vallas de protección.
Quedéme alucinado al constatar que la mayoría de aquellas muchachas estaban histéricas, y muchas de ellas tenían un aspecto decididamente tópico de... digamos, niñas tontas (eu-femismo gordo, a fe mía). En ciertos casos, es preferible evitar ciertas palabras, para evitar ciertas "ofen-sas" que podrían costarme realmente caras.
Abríme paso a codazos entre el gentío, descubrien­do de vez en cuando alguna  señora enfervorecida con los ojos extraviados o algún despistado que no sabía si se encontraba en un colegio o en la cola del paro miran­do asustado a su alrededor, hasta descubrir el motivo de semejante cortedad de cere-bro mostrada por la plebe: al parecer, y por lo que comentaban entre ellas, había alguna especie de concierto de alguno de esos grupitos juveniles de hoy en día que arrasan allí donde van. Ya saben, entre "Pa-queteros Boys", "Spies Gil",...
Sentíme engañado y defraudado ante semejante aberración, por lo que clamé a los cuatro vientos mi desilusión por el género humano. Entre las filas más cercanas pude notar con claridad una marea de enojo e ira, que fue creciendo poco a poco hasta que termi­né por sentir amenazada mi integridad física.
Intenté entonces defen­derme, huir, escapar, salir de aquel hervidero de malsa­nas pasiones derivadas no de un interesante acto cultu­ral, ni de nada relacionado con la Conspiración de Lhork, sino de un simple concierto musical, pero no conseguí librarme de la marabunta que subsiguió al caos.
Cuando desperté, lo hice en una habitación blanca, acolchada, sin ventanas ni distintivo alguno, sin saber cómo rayos había podido llegar allí; pero, al ver que las perso­nas que se asomaban a una pequeña rendija de la puerta iban en batín blanco y me observaban con expresiones compungidas, comprensivas, terminé por comprender lo que había debido ocurrir: por fin, y a pesar de mis mayúsculos esfuerzos por evitar este fatídico desen­lace, las malvadas fuerzas oscuras que movilizan los miembros de ese pernicioso foco de infección que es el Círculo de Lhork, habían conseguido localizarme, atraparme  y encerrarme.
Aun así, reconozco que debo admitir un hecho indis­cutible: a pesar de tratar de desenmascarar los inten­tos del Círculo por dominar el mundo, a pesar de mis continuos e indiscriminados ataques a esta temible asociación, a pesar de todas las críticas que mi viperina pluma ha vertido en contra de ellos, los miembros de su redacción han tenido a bien socorrerme, ayudarme en el difícil trance que me supuso tener que afrontar las iras de una masa histérica, aunque me hayan devuelto a este "agradable lugar de acogida". Gracias les doy por lo que han hecho, pero quiero además que algo les quede meridianamente claro: ¡NO ME RETRACTO DE NADA DE LO ESCRITO HASTA AHORA, Y PIENSO SEGUIR CON MIS ATA­QUES, POR CROM! ¡NO ABANDONARÉ JAMAS LA INTERMINABLE CRUZADA CONTRA AQUELLOS QUE SOLAPADAMENTE SOCAVAN EL ESTRICTO ORDEN MORAL DE UNA SOCIEDAD DECADENTE! Eso sí, si encuentro la manera de conseguir al menos papel y lápiz.
En fin, qué le vamos a hacer... Ya he solicitado de los enfermeros que me hagan el gran favor de permitirme escribir los artículos que ustedes, maravillosos lectores, estoy seguro que aprecian por encima de todo.
¡Pongo a Crom por testigo que jamás consentiré en permanecer enclaustrado y con la boca cerrada!

          Jose Francisco Sastre García


Nota de la redacción: ¡Por fin podemos darles una grata noticia, queridos lectores de Lhork! ¡Por fin, nuestro ex-articulista, el Sr. Sastre, ha vuelto al redil!
Su detención ha sido obra del azar: enterada del concierto de los Backstreet Boys de Madrid, una de nuestras empleadas se acercó por aquellos lares para constatar el estado en que se encontraba el gentío. Al parecer, se hallaban todos muy alborotados, produciéndose durante unos momentos un movimiento general de estampida.
Se acercó con la intención de comprobar cuál podía ser la causa de aquella agitación, encontrándose con un hombre en el suelo: tumbado boca abajo, brazos y piernas extendidos, sus ropas estaban destrozadas, como si una manada de búfalos le hubiera pasado por encima; una peluca colgaba, deshilachada, de su oreja.
Nuestra articulista le dio la vuelta, al oírle murmurar algo parecido a "Vacas... Mamuts... Ballenas..."; no pudo evitar su sorpresa al ver un bigote postizo que había terminado pegado torcido en la barbilla, y todo su rostro, apenas reconocible, estaba lleno de cardenales, moratones, arañazos y magulladuras.
Al parecer, durante su traslado al hospital psiquiátrico iba delirando, dejando escapar frases apenas entendibles como "¡Más LhorkRioja!", "¡Crom, vaya panda de descerebradas!"...
Demos gracias nosotros a ese dios de los cimmerios por el que siempre clamaba nuestro antiguo articulista por haber podido encerrarle por fin. Esperemos ahora que la vigilancia a la que está siendo sometido le impida escapar, y que aún quede alguna posibilidad de recuperar su cerebro y restaurarlo a la normalidad.

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