domingo, 23 de noviembre de 2014

JEAN RAY



JEAN RAY

José Francisco Sastre García

Extraño donde los haya, Jean Ray se ha ganado por derecho propio un puesto de honor en el grupo de escritores insólitos, tanto por su obra como por su biografía.
Nacido en Gante el 8 de Julio de 1887, su auténtico nombre fue Raymond Jean Marie de Krener. El primer detalle “pintoresco” con el que nos encontramos es que, al parecer, era nieto de una india Dakota, mientras que sus padres eran un marinero y una institutriz. Tal vez fue eso lo que le influenció y lo convirtió en un vagabundo, carrera que comenzó a los quince años.
Fue sucesivamente marinero, calculador en un observatorio, responsable de una revista cultural, segundo de a bordo en buques mercantes,... Sus días de marino se debieron alargar durante más de treinta años.
Pero no es oro todo lo que reluce, y este increíble personaje fue, además, bootlegger, esto es, contrabandista de licores en el “Boulevard del Ron”, durante la época de la prohibición, amén de traficante de armas en el Rif marroquí, pirata, y otras variadas ocupaciones más bien inconfesables.
A este inquieto belga le dio por pasar por el mundo del circo, como domador, y por el mundo de las revistas, tal y como ya hemos dicho, como redactor jefe de un semanario juvenil. No se sabe a ciencia cierta cuánto de lo que cuenta es cierto o no, pues la leyenda en torno a él se debe fundamentalmente a sus palabras, pero, como anécdota, podemos comentar lo siguiente: en cierta ocasión, cuando contaba ya setenta y seis años, se le pidió que demostrara que había sido un domador, con ocasión de la presencia de un circo; pues bien, al parecer, él, para asombro de los reunidos, se metió las manos en los bolsillos y entró en la jaula de los leones.
Le encantaba crear en torno a él una aureola de hombre misterioso, duro, aventurero, sin escrúpulos... En concreto, siempre le gustó escandalizar a su atento público, sacudir los cimientos de una sociedad acomodada desde su base. Su escritor predilecto era Dickens.
En cuanto a su ingente obra, podríamos agruparla en tres grandes bloques:
Los cuentos del whisky. Una larga colección de relatos cortos llenos de humor negro, cinismo, una burla a veces soterrada y a veces no tanto, en la que la primacía se la llevan dos elementos básicos: el whisky y el absurdo. En el primer caso, la presencia del licor es omnipresente, ya sea entre los personajes, o en el autor en el momento de escribir, lo que se refleja automáticamente en el segundo elemento, una vuelta de tuerca en las historias, a cuál más estrambótica, que termina por saltar la rosca y dar lugar a relatos que, en ocasiones, no tienen un argumento apenas discernible.
La serie de Harry Dickson. En estos relatos se percibe un estilo más asentado, menos loco, que en el bloque anterior, aunque al respecto deberíamos hacer algunas puntualizaciones: en primer lugar, que las primeras entregas de este detective fueron, al parecer, escritas por un alemán desconocido y traducidas por Jean Ray, aunque luego el belga exigió seguir escribiéndolas él solo, inspirándose en las cubiertas de los fascículos originales, redactándolas a menudo en el transcurso de una noche con ayuda de alguna botella de ginebra. En esta serie las historias están más hilvanadas, son más coherentes, aunque, para desdicha de algunos, los argumentos son prácticamente transparentes, adivinándose parte o toda la verdad casi desde el principio del relato. Se observa una mezcla curiosa entre la ciencia, tanto de la época como del futuro, y la imaginación, bajo la forma de seres mitológicos, los fenómenos paranormales, etc. Aunque, para mi pesar, ante todo prima lo racional, el resultado de una villanía perpetrada por vulgares seres humanos, sin dejar de lado elementos que puedan dar lugar a pensar que, efectivamente, puede haber algo más detrás de todas esas historias supuestamente imaginativas, como puede ser el caso, por ejemplo, de La Resurrección de la Gorgona.
Finalmente, podemos englobar el resto de su obra en un tercer bloque, historias en general dedicadas al terror; pero no a un terror vulgar, a una simple historia de fantasmas, sino a relatos sumamente elaborados, en los que el terror va parejo con imágenes extrañas, alucinatorias, oníricas... Juega con las múltiples dimensiones del espacio como quien juega con las bolas de un malabarista, creando situaciones realmente complicadas que, en ocasiones, uno no consigue desentrañar a pesar de releerlas más de una vez. Dentro de este bloque podemos citar, por ejemplo, una de sus obras cumbres: Malpertuis. Junto a ella, pero dentro de este tono oscuro, sombrío, y a la vez laberíntico, nos encontramos con relatos como El Callejón Tenebroso, o La ciudad de lo Indecible.
De su obra, podemos decir que los cuentos del whisky, junto con otras de las obras escogidas de Jean Ray, se han publicado en la editorial Acervo, la serie de Harry Dickson se publicó en la editorial Júcar, Malpertuis en la editorial Valdemar, colección Tiempo Cero, y un par de sus relatos de Harry Dickson, en Los Vigilantes del Más Allá, también de la editorial Valdemar. Todo este material es razonablemente encontrable, excepto lo de la editorial Júcar, que está total y absolutamente descatalogado.

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