sábado, 16 de mayo de 2015

EDGAR ALLAN POE



EDGAR ALLAN POE

José Francisco Sastre García

            Obsesión por la muerte o, más en concreto, por la posibilidad atroz de ser enterrado en vida, con las terribles consecuencias que tal acto entraña… Ésa es la principal definición de la obra de Poe, una neurosis que guía a sus personajes de manera indefectible hacia una inexorable autodestrucción, hacia los abismos de la locura… Proceso acrecentado, sin duda alguna, por la personalidad que otorga a sus criaturas, oscura, tétrica, y el aire decadente, malsano, tenebroso, de los escenarios en los que se mueven.
            Leer su obra es adentrarse en un mundo sujeto por la negrura más escalofriante, por la garra sobrenatural del más allá que roza nuestros nervios con una gelidez estremecedora, que provoca un escalofrío de terror y promueve en nuestra mente el pánico más cerval a la llegada de la Parca. E incluso cuando no aparece el rostro putrefacto del cadáver, del alzado para denunciar su triste destino, la sensación permanece incólume, porque es capaz de convertir algo aparentemente normal en una pesadilla angustiosa, sofocante, tan claustrofóbica y agobiante que corta la respiración… Leer relatos como El Corazón Delator, El Gato Negro, Ligeia, La Caída de la Casa Usher, El Extraño Caso del Señor Valdemar… es caer en un pozo de locura y desesperación, en el que el sueño y la realidad pueden llegar a convertirse de un modo inextricable.
            Pero, curiosamente, Poe no fue sólo capaz de generar un ambiente lóbrego, malsano y envuelto en las turbias nieblas de la muerte, sino también de escribir aventuras que transmiten, al menos en parte, ese ambiente de angustia y misterio que caracteriza toda su obra: Las Aventuras de Arthur Gordon Pym es un inteligente y prodigioso ejercicio de personajes y situaciones llevados a un extremo de insania, perturbación y degeneración que desemboca en la catástrofe final, una debacle ambigua y nebulosa a la que se ven arrastrados sin remisión los protagonistas, que mantiene en el aire su destino final, un final que algunos autores se han atrevido a imaginar con resultados más o menos razonables, como Julio Verne, en La Esfinge de los Hielos, donde convierte la magia del entorno de Poe en ciencia pura y descarnada; o Romyn Dake en Un Extraño Descubrimiento, una más que digna continuación; incluso Lovecraft se atrevió a soñar con la conclusión de esta historia, añadiendo algún detalle al respecto en sus Mitos de Cthulhu, como es el grito agudo de los shoggots en En las Montañas de la Locura
            Tekeli-li, Tekeli-li…

            Sí, Edgar Allan Poe se mueve en un terreno que podemos definir como morboso, grotesco, trágico… Todo su estilo, toda su obra, se mueve en torno a la confabulación entre la inventiva que demostró a lo largo de sus historias tétricas, repletas de tenebrismos y atroces emociones que consumen a los protagonistas, y sus vivencias personales, que fueron pergeñando dicho estilo, hasta dar lugar a lo que podemos leer, unas pesadillas intrigantes y cautivadoras surgidas de su fértil pluma.
            ¿Y cuáles son estas fuentes básicas a las que podemos acudir para entender las creaciones de Poe?

  • Nacido en 1809 en Boston de un matrimonio de cómicos ambulantes, queda huérfano a los dos años, y es recogido por un comerciante acaudalado de Richmond, que lo enviaría a Inglaterra a estudiar, de donde regresaría con una excelente educación, que aumentaría en su tierra natal; he aquí una primera marca de lo que sería su destino. 
  •  A pesar de esta educación, no se sentiría in inglés ni norteamericano, llegando a comparar América con una prisión.
  • Al parecer su conducta no debió ser demasiado buena, pues fue expulsado de la Universidad de Virginia en 1826, una de las más liberales de la época. Esto hizo que se lanzara por un terreno más pantanoso, adquiriendo deudas de juego que lograron que se enfrentara con su padre adoptivo.
  • Tras servir en el ejército, ingresó en West Point, de donde fue también expulsado, y el motivo fue el mismo: mala conducta. 
  • Sus primeros intentos (Tamerlan y Otros Poemas, y algunas narraciones que presentó a un concurso) parecían generar un cierto interés, pero no acabaron fructificando: al parecer tenía toda clase de talentos, pero la mala suerte parecía perseguirlo.
  • Durante su época de periodista en el Southern Literary Messenger, como crítico literario, consiguió proporcionar riqueza y fama a la revista, pero no tardaría en dejarla; por aquel entonces comenzaría a publicar algunas narraciones, como El Escarabajo de Oro, El Barril de Amontillado, El Pozo y el Péndulo o El Corazón Delator… Algunas de estas historias se salían del género de misterio y terror que tanta fama le ha dado, y se dedicaban a la sátira de los autores europeos que detestaba.
  • Un poco más adelante, en 1845, entra en una nueva etapa, en la que sus personajes luchan contra sus pasiones, sufriendo el terrible destino que se depara a quienes se dejan arrastrar por su orgullo: La Máscara de la Muerte Roja, La Caída de la Casa Usher, El Cuervo y Otros Poemas… A través de estos relatos, hay quienes ven a Poe como el último de los grandes trágicos griegos, dueño de la desmesura que pierde a quienes la practican. 
  • Sin embargo, también en esta misma época cambia drásticamente el polo, presentando a héroes con una voluntad de hierro, dueños de sí mismos, casi sobrehumanos: el prototipo es Dupin, el protagonista de Los Crímenes de la Calle Morgue y El Misterio de Marie Roget. Rompe con el molde de Sherlock Holmes, y en lugar de un detective que deduce a partir de los indicios, presenta a uno que resuelve a partir de la única fuerza de su inteligencia: da igual qué tipo de misterio sea, puede ser dominado por la pura fuerza del raciocinio, evitando caer en las garras de las pasiones propias o de la megalomanía.
  • El alcohol y las drogas hicieron su trabajo demasiado bien: casado en 1836 con su prima Virginia Clemm, de 14 años, vivió un matrimonio no demasiado bueno, durante el que comenzó a sufrir el quebranto del abuso de las sustancias ya citadas. Y la muerte de su esposa, en 1847, supuso un golpe que lo llevó hasta el vidente de Poughkeepsie, entrando en una nueva etapa en la que se entregaba al ocultismo.
  • Fue por entonces que escribiría Eureka, un ingente poema en prosa, máximo exponente de su obra junto con El Cuervo. Es un poema de corte filosófico-místico, con “revelaciones” como que la causa última y definitiva de la inevitable destrucción de todos los seres está contenida en “la Unidad Original del Ser Primero”… Declarará que el Universo entero está constituido por “la difusión de una célula irrelativa llamada Dios”, y que se destruirá por “reabsorción”, ya que “el Ser divino pasa su Eternidad en una perpetua alternancia del Yo concentrado con una difusión casi infinita de Sí mismo”… ¿No suena esto a una teoría científica sobre la expansión y la contracción del Universo?
  • Su muerte se produjo el 4 de octubre de 1849, en una calle de Baltimore: se habló de delirium tremens debido al alcohol, de cólera, por las drogas, un fallo cardíaco, de rabia, de una congestión cerebral, de tuberculosis… aunque las especulaciones más actuales hablan de una enfermedad nerviosa o la diabetes. Baudelaire habló de un “suicidio intelectual preparado desde hacía tiempo”.

Fue un personaje que sufrió un tormento y una fortuna muy dispares, que lo guiaron por caminos tortuosos, enfangándolo en el mundo lóbrego en el que acabó naufragando… Pero gracias a su excepcional obra, el futuro de la literatura parecía asegurado: su influencia se ha hecho notar de foema clara en muchos autores posteriores, como el ya citado Baudelaire, Dostoyevsky, Faulkner, Kafka, el también citado Lovecraft, Conan Doyle, M. R. James, Bierce, Maupassant, Mann, Borges, Palma o Cortazar… Toda una revolución para los cuentos de fantasmas, el gótico victoriano, un mundo de pesadillas del que él no llegó a escapar…

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