sábado, 14 de marzo de 2015

EL SIGLO DE ORO



THE NEW LHORK HERALD TRIBUNE

                                                         EL SIGLO DE ORO


¡Qué raro, una erre!- En la estancia se habían reunido, sentados alrededor de una gran mesa cual caballeros de la Tabla Cuadrada, algunos de los más excelsos escrito­res de nuestra madre patria. Allí estaban, entre otros, Cervantes, LhorkGora, Que­velhork, Caldelhork, Lhorkpe de Vega...
Mas junto a ellos, de forma incomprensible, se veía otra figura: la de un misterioso personaje, total­mente enfundado en ropas negras hasta el extremo de mostrar tan sólo sus ojos. Sentado entre LhorkGora y Quevelhork, ora se volvía a susurrarle algo a uno en el oído, ora al otro.
-Bueno, henos aquí reunidos para decidir cuál va a ser el contenido de nuestra primera revista -comenzó Cervantes, muy ufano, mientras sacaba de su maletín un voluminoso legajo de papelotes-. Para empezar, ¿qué les parece como título "Lhork"?
-Un poco soso, ¿no? -se quejó Lhorkpe de Vega-. Yo había pensado algo así como "El Siglo de Lhork"...
-Ta, ta... -le inte­rrumpió Lhorkgora-. Quedaría mucho mejor "A la sombra de Lhork".
-Vamos, señor, no os paséis -le cortó burlón Quevelhork-. No seais pedan­te. Mejor, "Los Cuentos de Lhork".
-Ya, lo que a vos os pasa es que estáis celoso porque no sois de la cúpula del Círculo -le replicó ácidamente el insigne poeta.
-Paz, señores -terció Caldelhork-. ¿Qué les parece "La Vida es Lhork"?
-Estáis todos equivoca­dos -saltó el desconocido enlutado-. La respuesta correcta es "Weird Tales of Lhork".
-¿What? -saltaron todos a una, sorprendidos por la extraña expresión.
-Bueno, bueno, no me lo agradezcáis -dijo el descono­cido con falsa modestia-. Ya sé que soy un genio, pero no hace falta que insistáis tanto en ello...
-Bueno, vale -intervino Cervantes, un poco mosqueado por haber perdido protago­nismo frente a aquel curioso sujeto-. Se llamará así. Y ahora, como contenido, ¿qué les parece esta pequeña sátira sobre las novelas de caballería que están tan de moda? -señaló el enorme legajo de papeles que tenía delante de sí-. Lo he titu­lado "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha".
-¿Y qué más? -saltó Quevelhork-. Sólo con eso, tenemos para dos o tres años de revistas. No, señor, eso no se puede publicar. Para eso, mejor mis poemas, que son excepcionales.
-Chorradas, eso es lo que son -intervino Lhorkgo­ra, molesto con su infatuado colega-. ¿Cómo pretendéis comparar vuestra vulgar poesía con mi ilustre líri­ca?
-No os paséis ni un pelo -le advirtió amenazado­ramente Quevelhork-. ¿A que publico un soneto sobre vuestra nariz?
-¡No os atreveréis! -Lhorkgora se levantó de un salto-. ¡Vive Dios, que os reto a duelo aquí y ahora!
-Calma, señores -terció amigablemente Caldelhork-. No es necesario llegar tan lejos. Todos sabemos que ambos sois personajes de gran talento. No merece la pena...
-Por supuesto que ambos tienen gran talento -admitió el desconocido de negro-. Pero habrá que determinar quién de los dos es el mejor.
-Haya paz -pidió enca­recidamente Lhorkpe de Vega, horrorizado ante la posibi­lidad de la vista de la sangre-. Por Dios, señores, que si esta reunión sigue así, me retiraré a mis aposentos.
-Pues vete, pedante -le insultó el desconocido-. Si, en realidad, no te necesita­mos aquí.
-Pero vamos a ver -intervino Cervantes conci­liador, mirando al extraño enlutado-, ¿usted quién es y a qué ha venido?
-Yo soy un Venerable Maestro de Filosofía Orien­tal, el Señor de la Senda Derecha del Camino Izquierdo de la Vía del Conocimiento de las Almejas Coloradas de la Región de Guinea -la expresión le salió sin respirar, de corrido­-, y estoy aquí para asegurarme de que el Círculo y su revista van por el camino adecuado, para evitar que personas como ustedes la conviertan en un gallinero. Y, por supuesto, para conse­guir que se cumpla la Histo­ria y que cada cual se dedique a lo que mejor sabe, ya sea escribir, insultar o lo que se tercie...
-¡Pero bueno! -exclamó Caldelhork airado-. ¿Acaso un tipejo raro como vos va a decirnos lo que debemos hacer? ¡Voto a bríos, que tentado estoy de desenvainar y atravesaros aquí mismo!
-No os detengáis por tal nimiedad, amigo -sugirió Lhorkpe de Vega con su arma en la mano-. Enseñemos entre todos a este caballero como las gasta un caballero español.
Con un ágil salto, el Venerable se levantó y salió corriendo de la estancia, perseguido por un airado grupo de personas. La reu­nión se disolvió sin dema­siadas formalidades, y el asunto acabó olvidándose.
Jose Francisco Sastre García


Nota de la redacción: En fin, ¿qué quieren que les contemos? No hay manera de evitar que el Sr. Sastre escriba estos artículos. La última noche doblamos la guardia en el interior de la redacción, y apostamos vigilantes por todo el perímetro, en la creencia de que si conseguía salir del psiquiátrico y dirigirse a la redacción, le cogeríamos con las manos en la masa y evitaríamos que apareciesen estas barbaridades. Aún así, consiguió burlarnos.
Según palabras de nuestros vigilantes, a eso de las tantas de la mañana, oyeron un fuerte ruido que venía del exterior. Cuando se asomaron a las ventanas para ver qué era lo que lo causaba, vieron un camión de gran tonelaje, con un enorme poster de Conan pegado en el morro, que se abalanzaba contra la fachada del edificio con un tremendo estruendo de muros rotos.
Sacando sus armas, y pensando en un atentado terrorista, se dirigieron cautelosamente al camión, pero lo encontraron vacío, con un pedazo de madera sosteniendo apretado el acelerador y la primera metida. Sobre el volante, una nota venía a decir lo siguiente: "¡Ja, ja, ja! ¡Cogedme si podéis, chacales!" Y firmaba nuestro ex articulista.
Cuando se dirigieron apresuradamente a la mesa del redactor jefe, le vieron acurrucado sobre el teclado del ordenador, depositando algo sobre él, con una botella de LhorkRioja en una mano y una pasta en la otra. Le detuvieron en el acto, a lo que respondió gritando, mientras le llevaban al psiquiátrico, que se vengaría de ellos, que la ira de Crom se abatiría sobre el Círculo.
Aún seguimos investigando cómo se las apaña para escapar del psiquiátrico sin que se enteren los celadores. Les mantendremos informados.

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