domingo, 19 de octubre de 2014

ASUNTOS DE ESTADO



ASUNTOS DE ESTADO

Jose Francisco Sastre García

Hasta mis oídos han llegado groseros rumores sobre lo que las malas lenguas comentan acerca del artículo que titulé "Conan el Inspector", y me tachan de mentiroso y hereje, amén de otras cosas peores que prefiero no mencionar aquí, por meterme con el "cimmerio". Puesto que no quieren caldo, aquí tienen tres tazas.
En esta ocasión nos toca examinar la parte del documento de Santo Roberto de Howard dedicada al Estado Central que gobierna la era hybórea; en concreto, veremos los dimes y diretes, correveydiles y cotilleos que figuran en la obra de este santo laico acerca de los altos cargos de tan peculiar Gobierno.
Por ejemplo, Isthar. La ministra de relaciones públicas es el modelo perfecto de "trepa" nata, que aprovecha todas las oportunidades que ve para elevarse de un cargo a otro hasta llegar a la cima, sin importarle demasiado lo que haya de hacer o con quien haya de hacerlo.
Su carrera política comenzó cuando la actual oposición ostentaba el poder, es decir, Set y compañía: Jhil, Gullah, Ajujo, el dios araña, Shuma-Gorath, etc. Se lió con todos y cada uno de los miembros del partido, lo cual, aunque pueda parecer pervertido, no lo era tanto, ya que a pesar de ser ninfómana, no era tonta: el dios araña en realidad no era una araña, sino UN araña, así como Set no era realmente una serpiente, sino un tipo muy ladino que se las sabía todas.
Sin embargo, llegó un salvaje, el rey Kull, que decidió cambiar la situación y limpiar el mundo thurio de la gran cantidad de funcionariado que pululaba por el continente: los hombres serpiente. Este hecho provocó la caída del Gobierno de Set, y la ascensión al poder de Mitra. Este, a su vez, nombró a Asura su vicepresidente por motivos básicamente personales (ambos eran de la otra acera, ya me entendéis), y a varios de sus ayudantes como ministros, despreciando a Isthar.
Esta buena mujer, para conseguir sus propósitos de llegar a elevarse mediante un rápido y nada ortodoxo ascenso hasta la cima del poder, tuvo que comenzar de nuevo desde la base: pasó por funcionarios, secretarios y subsecretarios, entre los que se contó Conan antes de ser enviado en misión demográfica a la era hybórea (ya sabemos cómo era el "cimmerio", así que no debería resultarnos extraño), hasta llegar a los ministros, consiguiendo que el Presidente, por aburrimiento, la concediera a su vez el cargo de ministra de relaciones públicas. A partir de ese feliz momento se lió con muchos ministros, entre los que se contaba Bel, el ministro de Hacienda, el cual era tan sumamente inteligente, que sabía cómo vaciar las arcas hybóreas para engrosar las gubernamentales y, de paso, las suyas propias, sin despertar la más mínima sospecha acerca de sus intenciones.
La recién ascendida intentó también ligar con Crom, ministro del Interior, pero éste fue uno de los pocos que resistió sus encantos: era demasiado cascarrabias para pasar por semejante aro, así que la mandó a freír monas. Por cierto, en cuanto a este oscuro personaje, tenía tan mala sangre y se ensañaba de tal manera con sus subordinados, que acababa por deshacerse de ellos sin escrúpulos ni contemplaciones. Por ejemplo, a Epemitreus, aquél que duerme en Golamira (vaya usted a saber dónde se encontraba tal lugar), después de que enviara a Conan a Antilia, no se le volvió a ver nunca más. El motivo fue que Crom se mosqueó soberanamente con él al ver que era un vago, perezoso y dormilón, por lo que le llamó a su presencia y le hizo desaparecer de un plumazo (más bien, le fulminó con uno de esos rayos a los que es tan aficionado).
Finalmente, Isthar, hambrienta de poder, decidió que la presidencia estaba al alcance de sus manos, por lo que inició un "acercamiento" a Mitra y Asura; pero el tiro le salió por la culata, ya que ambos eran inmunes a sus encantos; de hecho, había entre ellos una relación bastante más estrecha que la simplemente amistosa o política. Esto enfureció a la ministra, que terminó por comprender que jamás podría pasar del cargo que ostentaba en aquel momento.
En el ínterin, Set, encabezando el partido de la oposición, pedía la dimisión de Mitra una y otra vez por considerar que un presidente afeminado y blandurrio no merecía el cargo que tenía, que lo estaba haciendo todo muy mal, que hacía falta alguien más viril como, por ejemplo, él (la situación me recuerda a alguien conocido...), etc.; hubo continuas mociones de confianza, y las disensiones entre los miembros del Congreso y el Senado de ambos partidos llegaron hasta el punto que la oposición intentó varios golpes de Estado, hasta que se salió son la suya.
Posteriormente, Set se cambió el nombre por el de Satanás, y gobernó el mundo medieval, oscuro, tenebroso, hasta que llegó Mitra de nuevo y le echó del cargo. Esta vez, le tocó a él cambiarse el nombre, por lo que a partir de aquel momento se le conoció como Dios. Supongo que todos estos cambios se debieron a consideraciones de marketing, ya sabéis, cuestión de estética.
Bueno, esto es todo por esta vez. Quizás haya próximas ediciones, si mis detractores deciden dejarme tranquilo, o incluso a pesar de ellos.
Con un poco de suerte, quizás Isthar se fije en vosotros y podáis disfrutar de su compañía. ¡Que así sea!

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